domingo, enero 08, 2012

La regeneración nacional en una república amorosa

Para quienes creemos que Marcelo Ebrard era la mejor opción para candidato de la izquierda, por representar una visión moderna, apoyar las libertades individuales y fomentar una experiencia más participativa de la ciudad, fue una decepción escuchar el resultado de las preguntas de la encuesta del PRD. Esperábamos del Jefe de Gobierno del Distrito Federal un proyecto de alternancia moderno con vistas a una mayor justicia social, muy distinto a la plataforma de Morena, lo que además hubiese podido atraer el voto de los independientes, frente a un candidato tan fuerte como Enrique Peña Nieto y la amenaza del regreso inminente del priismo más rancio.
Marcelo Ebrard aceptó el resultado y fue congruente con el compromiso de no llevar a una izquierda dividida a las elecciones de 2012. Si bien estaba en desventaja frente a Andrés Manuel López Obrador, quien ha trabajado en su campaña durante más de seis años, considero que a largo plazo una buena campaña política le hubiese dado a Ebrard más posibilidades que las que tiene actualmente AMLO. Éste último es experto en polarizar pasiones y ya ha generado suficiente desconfianza en parte del electorado mexicano que lo ve como un político testarudo, con poca apertura para debatir propuestas, contrario a la inversión extranjera y enemigo de la iniciativa privada. A la gente en la ciudad no se le olvida la toma de Reforma durante tres meses y el caso Juanito, si bien el retorno del PRI parece indicarnos la corta memoria de los mexicanos, que en tan sólo doce años parecen olvidar las constantes devaluaciones del peso, la inflación, el autoritarismo, la corrupción y la falta de libertad de expresión en la prensa.
Sin embargo, López Obrador no quiere parecer el mismo que en el 2006, al finalizar su discurso como candidato de la izquierda declaró: “Vamos, todos juntos, sin odios ni rencores, a construir una república amorosa, con dimensión social y con grandeza espiritual”. Estas palabras sorprenden frente al recuerdo que tenemos de la campaña en 2006 donde AMLO tenía un discurso dicotómico entre ricos-malos contra pobres-buenos, cuando criticaba, y no sin razón, a la oligarquía mexicana o se refería a la rapacidad de la mafia del poder y al presidente espurio. Este discurso con tintes religiosos y redentoristas, parece distanciarse de la actitud contestataria. AMLO, proclama en su mensaje semanal del 14 de noviembre: “Ayudar al prójimo y caminar juntos, no vivir en el pecado social”. Y yo me pregunto, ¿qué significa vivir en el pecado social?, ¿a qué se debe este discurso evangélico? El hecho de que AMLO afirme (en entrevista con Carmen Aristegui), que esto significa tener amor por la familia, el prójimo y la patria sin que esto represente un discurso religioso, no lo hace menos preocupante para quienes queremos una democracia moderna, donde el poder político no emita juicios sobre la vida familiar, ni se encuadre en un amor patriótico que rechaza todo lo que provenga del extranjero. ¿O será el amor a la familia la oposición a los logros más liberales de Ebrard, como despenalizar el aborto y legalizar los matrimonios entre parejas del mismo sexo, a lo que AMLO se ha enfrentado?
AMLO se posiciona ahora como el redentor de una sociedad degenerada, que ha perdido sus valores morales y espirituales. Morena, el movimiento de regeneración nacional, tiene tintes religiosos y metáforas nacionalistas. Uno quisiera creer que las siglas son un irónico eco de la valiosa crítica al discreto encanto criollo de la oligarquía mexicana, pero al parecer, por las publicaciones del movimiento y los mensajes de Obrador, se trata de un ensalzamiento mítico de los pueblos indígenas y las comunidades agrarias en relación con la naturaleza (amén de los ecos a la Virgen de Guadalupe). Al leer algunas frases del proyecto de Morena, parecería que la regeneración nacional sólo puede surgir de la salvaguarda de una identidad racial. Morena responde a una ideología más que a un programa, cito el documento de Proyecto Alternativo: “Nuestra guía es la historia de las gestas populares” y más adelante al hablar de una modernidad alternativa contraria al capitalismo “materialista y tecnocrático” dice: “Esto supone reconocer la necesidad de descolonizar el pensamiento. Asumimos como referentes las visiones basadas en el ‘buen vivir’ y las valiosas innovaciones culturales, morales, políticas e ideológicas nutridas en la vida de nuestros pueblos originarios y afroamericanos.”Estas frases recuerdan las tendencias míticas y redentoristas de los movimientos totalitarios, la idea de regresar a los orígenes para encontrar la salvación, a través de señalizar a un enemigo interno y externo, al que hay que destruir para lograr la unidad. La sola idea de “descolonizar” al pensamiento, implica que habrá una directiva del “buen vivir” y del “buen pensar”.

Me parece preocupante este discurso de AMLO, y si bien coincido en las preocupaciones sociales que lo animan mucho más que en el conservadurismo de Peña Nieto y en el afán de poder de Elba Esther Gordillo, no puedo dejar de analizar las implicaciones que tiene el proyecto de Morena , que se propone hacer una revolución de las conciencias. Es decir, como ya se había notado en 2006, para AMLO no es cuestión de iniciar un debate sobre políticas públicas o modelos económicos, sino de salvar almas descarriadas y mentes aturdidas por los medios de comunicación. Si bien algunos de los puntos del documento responden a una política social en cuanto a la salud y a la educación, otros revelan una postura nacionalista, una vena antiliberal que propone luchar contra el poder que entrega los bienes nacionales a extranjeros o que las importaciones son resultado de la deshonestidad de los funcionarios públicos que no permiten que vivamos en una sociedad autosuficiente . Por ejemplo, en el apartado del Proyecto alternativo sobre la soberanía del campo y la autosuficiencia alimenticia se lee: “O revitalizamos al campo o seguiremos destruyendo la naturaleza, importando comida, perdiendo nuestra identidad, expulsando mexicanos a Estados Unidos y sometidos al narco que aprovecha la pobreza rural para controlar regiones enteras.”


Dentro del proyecto de nación de Morena, se subraya insistentemente la recuperación del medio ambiente, algo que es de suma importancia. Sin embargo, el modo en que lo hace mantiene una dicotomía entre la bondad de la naturaleza de los pueblos autóctonos bucólicos contra la degeneración de la modernidad industrial. No es casualidad que se aluda al “urbanismo depredador” y a la “degeneración de la naturaleza”. En cierto modo, podemos concluir que la degeneración es de una naturaleza nacional bondadosa, que puede aún renacer y abocarse a la felicidad.

En este sentido, la “república amorosa”, es un gancho para convencernos de que el problema de la inseguridad va a esfumarse cuando llegue el reino, el renacer y la providencia de una economía de la bondad contra la violencia y del espíritu contra el interés material. Es un hecho que el país está en crisis, que es necesario dar respuesta al desempleo y a la inseguridad y eso sólo puede hacerse fortaleciendo las instituciones y fomentando el respeto a la ley; no me parece que la bondad o el perdón sean la respuesta al mercado de los ilícitos. En entrevista con Carmen Aristegui afirmó, refiriéndose a los jóvenes que se enrolan en el narcotráfico por falta de empleo: “eso vamos a atenderlo nosotros, a 7 millones de jóvenes en los primeros meses. En seis semanas le doy empleo a cuatro millones”. ¿Cómo? O es necesario creerle ciegamente, porque AMLO apuesta por la fe y el movimiento de Morena se describe como el cambio verdadero (en oposición a los “poderes mentirosos”).
Para lograr su propósito redentor, López Obrador propone un Estado omnipresente y autoritario. En el proyecto de Morena se lee: “Los gobiernos neoliberales de los últimos 28 años adelgazaron al Estado…”. Sin duda, se requiere de un Estado fuerte pero para asegurar los derechos, garantizar la competencia, construir un país de ciudadanos y no de privilegios, y contar con la infraestructura necesaria para la competitividad y el intercambio. Estoy convencida de que falta una opción tanto económica como política alternativa, como lo han expresado los movimientos de los indignados en el mundo, de lo que no estoy segura es que la regeneración nacional en una república amorosa lo sea.

2 comentarios:

Vicente Cueto dijo...

AMLO se muestra conciliador, abandona el discurso radical. Eso es alarmante para mi porque me habla de una persona que esta dispuesta usar cualquier método con tal de alcanzar una meta. Esa meta es la silla presidencial. Hubiera estado mas a gusto con un AMLO que se hubiera quedado radical, estable, honorable pues. Este camaleón del sureste no garantiza una política sana para mi pais si, como Fouche el francés, cambia de rumbo a como le acomode el viento.
La gran pregunta es si va a acabar con la mafia en el poder o solo la sustituirá por una mafia mas afin (y pienso en morena y la gente que esta en el movimiento, no los de a pie, que hacen las cosas con fe y sin mucha teoría, sino los que coordinan todo… ¿acaso se imaginan con un buen puesto en el futuro gobierno?
AMLO retoma discursos abandonados hace tiempo en lugares como Europa del Este y cuyos habitantes poco están dispuestos a sufrir.

El estado omnipresente que yo sufri de nino en los setentas regresa con AMLO.
Habra que ver.

Miriam Jerade dijo...

Hola

Gracias por tu comentario. A mí no me parece criticable que haya cambiado el tono de su discurso sino loable (aunque en el debate regresó al AMLO del 2006). Lo que me parece preocupante o lo que no me gustan son sus propuestas, completamente maniqueas, poco realistas y populistas. Que quizás sea mejor opción que la vuelta a lo peor del PRI, pues puede ser. Yo no creo que el PAN no haya hecho nada, creo que ha reducido la pobreza y hemos crecido en términos macroeconómicos de manera estable, pero quizás no ha hecho lo suficiente. Voy a escribir un post al respecto. Desgraciadamente, a pesar de lo amoroso y eso, AMLO hace presentir más a un Chávez que a un Lula...no conozco Venezuela, pero prefiero al segundo