martes, agosto 16, 2011
La trata de personas
En este momento en el que escribo o en el que usted lee, más de 2.4 millones de personas están siendo explotadas, según la ONU. La trata de personas es la versión de la esclavitud en el siglo XXI, y sus operativos conllevan la captura, el traslado y la reclusión de personas con el fin de obtener beneficios económicos. Después del tráfico de armas y drogas, la trata de personas se ha identificado como el tercer negocio ilícito más redituable en algunas regiones del mundo, con un beneficio de 31.7 millones de dólares. Por supuesto, todas las cifras son inciertas en estos temas, y más que cuestión de números, lo importante es sensibilizarse a lo que padecen las víctimas y ejercer presión como sociedad para prevenir y sancionar estas prácticas.
La compra-venta o mercantilización de los seres humanos, de sus órganos, de su sexualidad, o de su capacidad de explotación laboral, parece arraigarse de una manera más profunda en patrones culturales que aceptan la constante violencia que se ejerce en las personas más vulnerables de nuestra sociedad: mujeres, niños y migrantes. Según reportó en 2007 el Departamento de Estado americano, de las 800,000 víctimas de la trata de personas, el 70 por ciento son mujeres, muchas de ellas forzadas a la prostitución. Es tiempo de reflexionar en los valores políticos y económicos de nuestra sociedad que acceden a que en nuestras democracias contemporáneas resurja la esclavitud en una mayoría de mujeres y niños explotados sexualmente. ¿A qué se debe esa economía del abuso y del maltrato de los más desprotegidos? ¿Qué podemos hacer como sociedad para impedirlo?
Es la necesidad la principal causante de la trata. La mayoría engañados y engañadas con la promesa de un trabajo y de mejores condiciones de vida. Todo comienza con el engaño y el traslado, incluso en la misma ciudad, seguida de una reclusión. El colmo de todo esto es que muchas de las víctimas pagan incluso el viaje y la estancia. El fenómeno de la trata es mundial, muchas mujeres de Europa del Este o de los países asiáticos obligadas a trabajar en la prostitución, tienen sus documentos confiscados, no tienen contactos en el país y su condición de vulnerabilidad es aún mayor. La mayoría de las mujeres sometidas a la trata están amenazadas y en la incapacidad psicológica de huir y declarar el crimen. El hecho de estar encerradas, confinadas y sin comunicación, habiendo perdido toda noción de pasado o futuro, de identidad o de control sobre su vida les dificulta que busquen ayuda o denuncien su situación.
El pasado martes 12 de julio, el presidente Felipe Calderón promulgó la Reforma Constitucional contra la trata de personas que modifica los artículos 19, 20 y 73 de la Constitución, con lo cual se declarará prisión preventiva sin derecho a fianza a los delincuentes que cometan este delito y se protegerá la identidad de las víctimas. Esta era una asignatura pendiente, no sólo en la lucha contra el crimen organizado, sino en la garantía de los derechos humanos.
Sin embargo, esos derechos humanos, como lo han señalado varias feministas, están sustentados en lo masculino y, me parece, que es momento de reflexionar en el hecho de que la trata de personas tenga como una de sus principales operaciones la prostitución femenina e infantil. Según datos del gobierno de 2009, en México 20,000 niños son explotados sexualmente en la pornografía y el turismo sexual. (Alrededor de 130 mil niños han sido robados en México en los últimos 5 años. El precio de un niño en el mercado negro oscila entre los 5 y los 10 mil pesos.) Habría entonces que pensar esta forma de esclavitud en relación al abuso del cuerpo femenino e infantil, a esa economía del proxeneta que hace del cuerpo del otro una mercancía, librándolo a toda clase de violencias: verbal, psicológica y económica. La ley contra la trata de personas prevé la sanción los individuos en cada eslabón de la cadena de la trata, pues ella se organiza en una red donde participan los enganchadores, seductores especializados en leer los deseos de las jóvenes e ilusionarlas con una historia de amor que termina en el infierno del burdel o de las calles. El problema, es que el cliente no forma parte de este eslabón de criminalidad, pues la prostitución no es considerada un delito en México (como lo es en otros países como Suecia).
La ley estipula también dar protección y asistencia a las víctimas. Estas últimas son quizás las cuestiones que serán más difíciles de abordar y de hacer cumplir, ya que la prevención implica romper no sólo con la cadena de ofertantes, sino con la de consumidores. La pregunta quizás sea, ¿por qué esos consumidores dejan de ver en ese objeto de placer y de violación, a un ser humano? Es necesario entender que la trata de personas es parte de una economía informal, de una relación oferta-demanda y que la prostitución es antes que nada una forma de violencia contra las mujeres, que ella es una institución controlada por hombres (aunque también hay mujeres que participan en la explotación de otras mujeres), es una institución que e mantiene mediante la violencia.
La causa principal de la prostitución y de la trata con fines de explotación sexual es la demanda masculina de mujeres y niñas, si no hubiera demanda, este mercado (que supuestamente es el oficio más antiguo de la humanidad) terminaría por eclipsarse. La industria del sexo perpetúa el mito de una sexualidad masculina que se satisface a través de cuerpos comprados, lo que justifica que las mujeres puedan ser violadas y explotadas sexualmente. A diferencia de la pedofilia, que es moralmente más condenada en nuestra sociedad, si bien México es uno de los principales países productores y consumidores de pornografía infantil, el machismo mexicano legitima la humillación y la explotación sexual de las mujeres.
Es muy raro que alguien pueda salir de las redes de prostitución, la vida laboral de estas mujeres es corta, por las enfermedades y el maltrato. Por lo general, el trabajo de prostitución implica un alto consumo de drogas y de alcohol, es por ello que muchas de ellas no vuelven a casa, en parte por la adicción, en parte por la vergüenza y por una pérdida de control de sus propias vidas. ¿Cuánto cobras? es la primera pregunta que involucra un contrato de servicio de prostitución. Lo que la marca desde un inicio el consumo: la lógica del placer a cualquier precio.
Es esa lógica la que se debe atacar, la de la humillación y la utilización de los cuerpos más vulnerables en pos del placer a cualquier precio.
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