Les comparto mi artículo de este mes en Contenido.
En el hervidero de vehículos, reapropiarnos de la ciudad
“…el hervidero de vehículos. De golpe parece que todos los automóviles de la tierra se concentrasen en un punto para avanzar sin avanzar, mientras el embotellamiento es ya segunda naturaleza del ser humano, es el afán de llegar tarde y a buen paso al Juicio Final, es la prisión en crujías móviles, es el cubículo donde se estudia la radio, universidad del aquietamiento. Entre las dos y las seis de la mañana, hay un respiro, la especie parece aletargada---y de pronto todo se reanuda.” Carlos Monsiváis. Los rituales del caos.
Carlos Monsiváis escribió estas líneas sobre el tráfico y lo inviable del tráfico en 1995. La ciudad como un hervidero de vehículos que sólo respira a ciertas horas de la madrugada, cuando las calles se vacían y en el Zócalo capitalino aterrizan cientos de barrenderos uniformados con chalecos naranja fosforescente para borrar los deshechos de las transacciones de la jornada, esperando a que unas horas más tarde las actividades se reanuden y la antigua Tenochtitlán se vuelva a poblar. En Los rituales del caos, el fallecido cronista de la Ciudad de México también escribe sobre el metro, como un descenso al reino de los apretujones, y otros fenómenos de la gran ciudad donde lo caótico tiene su orden, sus leyes y su dimensión carnavalesca. Uno podría decir que nada ha cambiado desde hace quince años, que el hervidero de vehículos continúa en muchas de las arterias de la metrópolis y que los capitalinos seguimos afanados en perpetuarnos entre el freno y el acelerador.
Sin embargo, decir que todo sigue igual o peor que hace quince años sería un acto de desmemoria e ingratitud hacia los gobiernos perredistas de la Capital, - dos años después de la publicación del libro de Monsi, como se le llamaba de cariño, en 1997, se celebraron las primeras elecciones democráticas en el Distrito Federal y desde entonces el PRD ha sido elegido para gobernarlo-. No podemos ignorar la ventaja que ha tenido el Metrobus frente a los cientos de “peseras” que antiguamente circulaban por la Avenida de los Insurgentes y de súbito hacían una parada frenando la circulación. El beneficio para el medio ambiente, también ha sido para la economía de los usuarios, ya que antes había que tomar más de una pesera para llegar a un destino, lo que multiplicaba a los pasajeros el coste diario de peaje. Al Metrobús habría que sumar la línea B del metro, inaugurada por Rosario Robles, el eje transversal metropolitano (cero emisiones) y próximamente la línea 12 que será la más larga de la red, trazada entre Tlahuac y Mixcoac.
De todas estas políticas urbanas, una de las que más celebro es el cierre de Reforma los domingos: me parece que ha sido un esfuerzo para que los capitalinos volvamos a reapropiarnos del espacio urbano, a vivirlo desde una experiencia más equitativa, ahí donde se desdibuja la marginalidad del peatón frente a los autos, cuando la ciudad es de todos los que la caminan, la recorren, la recrean de ida y vuelta, la gozan. Otro de los proyectos de gran importancia para fomentar una ciudad sustentable son las eco-bicis y la ciclopista de Reforma, pues se reduce el uso del automóvil para trayectos cortos y la emisión de gases con efecto invernadero. Y si bien la bicicleta no es una novedad ya que en muchas colonias se usa para transportar mercancía o despachar, las eco-bicis y el carril de Reforma reservado para ciclistas forman parte de la construcción de una ciudad plural, abierta a sus habitantes, más viable e incluso más lúdica.
Si bien hay quienes critican la supervía poniente y los proyectos de transporte público de la administración de Ebrard, aludiendo a que sólo responden a intereses electorales, me parece que la crítica es injusta. Como lo subrayó el premio nobel de química Mario Molina, proyectos de este tipo desincentivan el uso de vehículos particulares, pues no se trata solamente de construir segundos pisos sino de agilizar la circulación e impulsar el transporte público. En cuanto a la construcción de la supervía y los segundos pisos, es cierto que son problemáticos pues se debería intentar reducir y no promocionar el uso del automóvil, acción que deberían aplicar los gobiernos de muchas entidades de la República donde el transporte público es ineficiente y la meta de los habitantes es comprar un coche. No obstante, el Gobierno del Distrito Federal no puede ignorar las conexiones con carreteras en lo que se refiere al transporte de carga, lo que exige la aplicación de sistemas de logística inteligentes y la promoción de incentivos para el uso de vehículos menos contaminantes. Conjunto a la supervía se proyecta el Peribus, una opción de transporte público. La discusión no reside, a mi parecer, en las distintas propuestas de urbanización y de transporte, sino en una actitud que yo llamo el “izquierdosismo hipercrítico”, de aquellos que piensan que ser crítico es destruir sin fundamentos, ni datos, ni indicadores toda propuesta, y sostienen que la reflexión constructiva no cabe en el activismo ni en una paranoica lucha contra “el poder”. Creo que es ahí donde la izquierda se encuentra dividida. Y si bien la distinción binaria “izquierda” y “derecha” se basa en ideologías poco actuales y hoy en día la diferencia es poco clara, me defino como alguien de “izquierda”, en esta definición vaga que es más bien una percepción de la realidad de este segmento del espectro político que considera prioritario la consecución de la igualdad social por medio de los derechos colectivos, y que defiende una sociedad plural, laica e intercultural.
En mi opinión, los proyectos y las políticas que el gobierno perredista ha puesto en marcha en materia de transporte público y urbanización responden a una posición de izquierda, en el esfuerzo de hacer que ciudadanos y ciudadanas tengamos derechos por igual a reapropiarnos del espacio público, a vivir una ciudad con múltiples posibilidades. La semana pasada visité la exposición itinerante Nuestras ciudades, nuestro futuro que se exhibió en el Museo Franz Meyer del 2 de febrero al 20 de marzo y que estará próximamente en Guadalajara. El Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP), seleccionó a diez ciudades que han demostrado ser líderes en la implementación de proyectos innovadores de movilidad sustentable como Nueva-York, Buenos Aires, Yakarta, Johannesburgo, Cantón en China, Budapest, Ahmedabad en India). Los escenarios sustentables para las diez ciudades apuestan por calles seguras y llenas de vida que promuevan la equidad económica y social; que privilegian a los peatones, las bicicletas y el transporte público.
La Ciudad de México fue seleccionada con un proyecto del despacho Arquitectura 911sc, que propuso construir una plaza peatonal continua sobre las vías principales y trasladar el tráfico motorizado al nivel subterráneo en Tacubaya, donde hoy es prácticamente imposible moverse a pie.
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