martes, febrero 15, 2011

Políticos de carrera a la carrera ¿y los electores, hacia dónde vamos?

A Javier Mancera
 
¿Qué pensar como elector(a) en esta era de coaliciones y alianzas?, ¿cómo elegir dentro de un sistema de partidos que en los últimos años se ha transformado totalmente, y ha dejado de representar una postura política e ideológica? Es desconcertante para quienes nos consideramos de izquierda que el PRD haga alianzas con el PAN que, en sentido estricto es la oposición. Me imagino que para los panistas o aquellos que se consideran de derecha, ocurre lo mismo. Quizá deberíamos preguntarnos si todavía es válida la distinción entre partidos de derecha, centro e izquierda; si aún tiene sentido hablar de afiliaciones o de simpatizantes. Para saberlo se necesitaría hacer un estudio sobre la naturaleza y la historia de los partidos políticos, como lo hizo con gran maestría Nancy L. Rosenblum, en On the Side of The Angels. En su análisis de los partidos, la autora vuelve a una frase de E.E. Schattschneider que reza: “los partidos son los huérfanos de la filosofía política”. Es cierto que los filósofos hablan poco de los partidos, a diferencia de los politólogos; me parece que es porque hay un elemento de sospecha hacia la ideología que los constituye y poco entendimiento de lo que liga a esta última con la acción política.
Supuestamente, cada partido posee una ideología que le da claridad conceptual, es decir, una representación de la realidad social y económica, y un programa de acción. Las ideologías – concepto al que se dio en el siglo XX un sentido negativo- no sólo se refieren a las bases intelectuales, sino también a sistemas ideales pretendidos, a una proyección. Para guiar la acción política, el partido construye una doctrina, una plataforma, programas y consignas. Ahora bien, cuando se dan las coaliciones o cuando un candidato de un partido de derecha se muda a uno de izquierda o viceversa, la ideología se desdibuja y las plataformas se confunden. El problema principal recae en la cuestión de la representación. Qué partido o qué candidato representa, además de nuestros intereses, nuestra concepción de la realidad social y política, y confiamos en él para imaginar acciones coherentes con una plataforma (agrupación de los principales problemas sociales, políticos y económicos).
En ese sentido, las coaliciones ya no son el pacto entre partidos que tienen ideas afines, un partido de izquierda y un partido comunista, o un partido de centro derecha y uno católico, etc. Las coaliciones se producen en un régimen democrático cuando un solo partido no tiene suficientes apoyos en la cámara legislativa, el congreso o el senado. No obstante, cuando ya no hay plataformas claras, parecería que únicamente importa mantenerse en el poder o tener sillas en las cámaras. La pregunta es entonces, por qué ocurren esas mudanzas de candidatos entre partidos.
Haciendo un recuento de la historia reciente de la democracia en México, Zedillo culminó la reforma electoral convirtiendo al IFE en organismo autónomo e independiente del Poder Ejecutivo Federal y en las elecciones de 1997 y las del 2000 se le dio el triunfo a la oposición. Á él le debemos, de alguna manera, el haber creado las condiciones necesarias para que se diera la alternancia. Sin embargo, el haber hecho la democracia extensiva, tiene sus aristas. Uno de los problemas de la democracia en México, es que no hay reelección. Yo nunca había pensado esto como un problema, hasta que me cuestioné sobre el fenómeno de los políticos de carrera para los cuales las posibilidades de ascenso en un partido son pocas y no dependen de la percepción y el contento de la gente sino de las relaciones con sus superiores y lo factible que pueda ser que otro partido los coopte.
De ahí que los políticos de carrera vayan a la carrera por los puestos. Pues si su partido pierde el patrón pero, hicieron un buen papel y los electores simpatizan con ellos, necesitan brincarse de partido. Esto último obliga a los candidatos a desdibujarse ideológicamente para ser atractivos para otros partidos. Por lo mismo, los diputados no necesariamente apoyan iniciativas acordes a la ideología de su partido o a los intereses de sus simpatizantes, por ejemplo: en
sentido estricto, los diputados panistas deberían ser anti-sindicales y no obstante, no se oponen al Sindicato de Electricistas ni al de los Maestros.
Desgraciadamente, desde el momento en que un candidato tiene que ser atractivo para otro partido y por ende, neutralizar sus posturas, la política se convierte en un foro de escándalos, puesto que el diferencial ideológico ya no tiene peso. Es por el escándalo que los oponentes buscan votos y también eso les permite desdibujarse ideológicamente. Pero nosotros, los electores, ¿hemos de convertirnos en espectadores de un palenque o simples lectores pasionales de escándalos? ¿Cómo volver a exigir a los políticos de carrera que se detengan a reflexionar en sus posturas y canalicen nuestras peticiones hacia los poderes?