
Estas últimas semanas he estado trabajando sobre el tema de la hospitalidad en Derrida y justo esta última semana es de gran urgencia volver a cuestionar esa perversión que vuelve una y otra vez en el discurso de las democracias contemporáneas, sobre todo en momentos electorales ¿Cómo resolver el problema de los extranjeros? en vez de preguntarnos, ¿qué problemas los extranjeros nos resuelven a nosotros? Jacques Derrida participó en 1997 en una manifestación contra una ley que se quería promulgar en Francia, no muy lejos de la que se ha propuesto en Arizona, llamada "delito de hospitalidad" para juzgar a aquellos que dan hospitalidad a indocumentados. El texto de Derrida tiene un título genial en francés: « Manquement du droit à la justice (mais que manque-t-il donc aux “sans papiers” ?) » (aquí una versión en inglés). Derrida cuestiona esa estrategia discursiva que consiste en marcar con la carencia, como si fuese la carencia del otro y no nuestra responsabilidad social: sans papiers, desempleado, homeless, Arbeitslose. Por una parte, hay una prescripción en estas construcciones muchas veces eufemísticas "hay que tener un trabajo, una domicilio fijo, etc" - la peor en francés es "sans domicile fixe" para aquellos que antiguamente denominaban "clôchards" ahora son sin domicilio fijo, quizás porque tienen un depa en NY, otro en Sao Paolo y otro en Roma y viven viajando...Por otra parte, hay una transferencia de la responsabilidad a esa marca de una carencia que la sociedad misma produce. Porque a la pregunta tan curiosa "¿qué les falta a los sin papeles (indocumentados)?" Uno debería responder: pues papeles. La perversión mayor está en que la falta de papeles que implica estar sin derechos se convierte en un fuera de la ley, de modo que el indocumentado se convierte en criminal.
El proyecto de ley en Arizona tiene además un componente racista porque se puede parar a cualquier "sospechoso", pero esto no es nada nuevo, yo tengo papeles en Francia por se estudiante pero nunca me los han pedido y yo no los llevo conmigo. En cambio a mis amigos árabes o africanos los han llegado a parar más de una vez al día.
La peor de las hipocresías de nuestras democracias contemporáneas es manipular el hecho de que los inmigrantes están ahí para beneficiar al país y porque la economía mundial los ha obligado a buscar trabajo en otro lugar, en cambio, las campañas electorales y la cultura del miedo reviran este hecho y resulta que ahora aquellos que se vieron obligados a inmigrar por estar en una situación de vulnerabilidad política y económica, nos ponen en peligro, nos amenazan, nos quitan, nos, nos, nos... (quizás lo más perverso de todo esto sea la performatividad y la construcción de ese "nosotros")
Si les interesa el tema, les recomiendo leer esto y esto.
Y en tono de comedia
3 comentarios:
¡Qué interesante esto de la hospitalidad derridiana, Miriam! Gracias por compartir. Además de todo lo que apuntas aquí, otra cosa que me enoja y me preocupa sobremanera es que en los últimos días, en la radio y en la T.V., además de internet, los medios han comenzado a relacionar a los indocumentados con los narcotraficantes. Como si el problema del narcotráfico y del crimen organizado fueran lo mismo que el problema de inmigración. Espero que algún anchor man o woman tenga la decencia de separ estas dos categorías, pero por ahora, sigo esperando.
Te mando un abrazo.
Gracias Adela. No tenía noticia de esto pero no se me hace raro, es perfectamente coherente con la política bushista sobre los extranjeros como terroristas, criminales, etc. Siempre hay una estigma, TODOS los árabes son fundamentalistas islámicos, TODOS los mexicanos son narcotraficantes (porque la droga es algo que no les atañe internamente, es un mal que traen desde afuera).
Luego hay otras cosas bien jodidas, el otro día una amiga chilena nos contaba que a su hijo lo ponen todos los días en la esquina del kinder porque según la "maîtresse" habla fuerte. Es un niño muy lindo, yo lo conozco, muy educado. La maestra le dice a mi amiga que ni modos, que se tiene que "acoplar a la cultura". Por eso me interesa la reflexión de Derrida que retoma a Levinas y a Rosenzweig en este punto y que cuestiona toda apropiación del espacio. Rosenzweig cita un pasaje de la Biblia donde Dios le dice al pueblo de Israel que son extranjeros y visitantes.
Mi querida Miriam me ha gustado mucho eso de que juzgamos desde la carencia y no nos ponemos a pensar que somos responsables de las condiciones que marginan a nuestros vecinos,al menos ciudadanamente, siendo que todos somos huéspedes de esta Tierra.
El colmo los sans domicile fixe, ahora mismo estamos empezando un proyecto de homeless o los de "situación de calle" y me sirve mucho tu reflexión. GRACIAS
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