

Las fotos que ven aquí no son de un OMNI sino de la máquina que tenemos en casa para hacer yoghurt, se las recomiendo.
En otras ocasiones he hablado de mi abuela Mary, sobre su dedicación y disciplina por el yoga y la meditación, sin embargo, pocas veces he hablado de su cocina vegetariana. Mary se volvió vegetariana, así como profesora de yoga, cuando toda la industria del yoga mat y la moda de los ashrams aún no aparecían ni se veían venir. Ella tenía aproximadamente 37 años cuando le diagnosticaron artritis deformativa y no le habían dado muchas esperanzas, hasta que alguien le mencionó el yoga. La artritis desapareció y mi abuela tuvo una vida sana y longeva salvo que en su vejez, su memoria deformada la enfermó de olvidos artríticos, primero de lo reciente, sumergiéndola en los recuerdos de infancia, luego olvidó los nombres, las calles, los días, el camino de su cama al baño, olvidó el lenguaje, pero recuerdo que cuando le mencionaba la palabra "yoga", ella hacía una respiración profunda. En uno de esos trances, olvidó lo rebelde que había sido su nieta y volvió a amarme como cuando niña. Eso fue la única cosa que pude agradecerle al Alzheimer. Pero entre toda la tragedia de ir perdiendo a un ser querido en su olvido, hubo un momento que hoy me resulta tremendamente cómico y tierno. Después de más de cincuenta años de vegetarianismo y de haber publicado diez libros de cocina vegetariana (de los cuales no me queda ninguno), algunos muy prácticos otros completamente prescindibles como "Las maravillas del amaranto". Lo genial de Mary como cocinera fue traducir las recetas sirias y mexicanas a la comida vegetariana, como los kipes de trigo rellenos de soya. Una tarde en casa de mi abuela, cuando ella se había convertido en una niña risueña, había un plato de camarones empanizados - cosa que nunca hubiera ocurrido si ella hubiese estado lúcida-, los vio y no se pudo resistir, alguno de mis tíos gritó "mamá, tú no" pero el impulso de Mary hacia los camarones fue más fuerte, el tiempo se paró, la ley se resquebrajó, y en un ambiente apocalíptico, ella se deleitó con los camarones hasta terminar el platón. Por suerte alguien con sentido del humor dijo: "son frutos del mar". Aquí les dejo unas recetas, las pocas que recuerdo...
Arrroz con lentejas.
(retransmitida por mi mamá, les copio su mail, son de esas recetas inexactas y precisas que dan las mamás)
Para una taza de arroz, poner a cocer un poco menos de medio vaso de lentejas con un chorrito de aceite y agua.
Con una mandolina o un cuchillo muy filoso, filetear cebolla y media. En la olla donde se piensa cocinar el arroz, freirla con aceite muy caliente a que quede doradita (hay que mover constantemente e irla sacando) Escurrirla en un plato con servilleta abajo para que absorba el exceso de grasa y apartar. En la olla que quedó con aceite, si está muy sucio, lo mejor es colarlo, limpiar la olla con una servilleta, nada más para limpiar el aceite y regresarlo a la olla. Freír el arroz a que dore suavecito. Si sobra mucho aceite, hay que quitar el sobrante. Cuando ya está listo el arroz, se añade la lenteja con todo y su agua Hay que medirla para que no se pase. Son dos tazas de agua por una taza de arroz. Se revuelve todo y se añade sal al gusto y un poco de consomé. Después de que da el hervor, se baja la lumbre y se tapa hasta que esté blandito.
Para servirlo: Se pone el arroz en un platón y encima, de adorno, se le pone la cebolla frita ya escurrida.
El jocoque: Se puede usar yoghur que no tenga azúcar, (Calcula como medio litro) Se revuelve con pepino muy picadito,
yerbabuena seca, tantita sal de ajo y poquita sal.
Torta de perejil. Picar dos ramos grandes de perejil finamente, mezclar un huevo, sal y pimienta. Cocinar en un sartén con un poco de aceite a fuego lento, cuando esté cocida de abajo, voltear con un plato. Se acompaña con yoghurt blanco. Si están en México, ella siempre hacía una especie de soufflés con verduras y queso panela. Rayar la verdura, por ejemplo la calabaza y mezclar con huevo y queso panela rayado. Meter al horno hasta que se dore.
Proteína de soya en salsa verde o en salsa de chile pasilla.
La proteína de soya texturizada (de preferencia que sea BIO) se pone a remojar durante una noche, intentar cambiar el agua de menos una vez. De preferencia que sea agua potable porque la soya la absorbe. Para cocinarla, hay que exprimir el agua - el gluten que comprado parece piedra, ahora tiene la textura de una esponja. Freír los pedazos de soya en aceite, salar y pimentar hasta que queden dorados. Cocerlos en la salsa a fuego medio. (tip: los tomates verdes se consiguen en París en las tiendas hindúes). Se puede acompañar con arroz o servirse con tortillas.
4 comentarios:
A esta tierna historia de tu abuela Mary que se da una banquete de camarones (y, de paso, se pasa por el forro un par de capítulos de Levítico y Deuteronomio) cuando ha perdido el juicio que no el gusto, le va muy bien una poesía en dialecto judeo-romano de un sastre judío, que me han dado a conocer este fin de semana en cierta ciudad italiana:
Certo ch’è ‘na fatica esse giudio
e nun potè godè mai cor palato
in mezzo a tutto questo ben de Dio;
devo da dì ch’è propio ‘no sfigato
(La verdad es que da trabajo ser judío / y no poder jamás darle gusto al paladar / entre tanta cosa buena que Dios da; / he de decir que es todo una puñeta...)
Afortunadamente, a las historias de Miriam no hay כשרות que las prohiba.
¡Viva! ¡Qué honor! Miriam, mil gracias por dedicarme este post tan hermoso. Entiendo bien la tristeza de ver a un ser querido perder los caminos de su vida, así le pasa a mi papá hoy. Pero es hermosa la historia de cómo tu abuela se rescato a sí misma por medio del yoga y la alimentación. Seguro que te dejó un gran camino de inspiración. Aunque entiendo bien, también, el falling out con las abuelitas cuando encontramos nuestra propia identidad y ya no les caemos tan bien. Me imaginé muy bien cómo te abrazaba, por algún motivo, cuando le decías la palabra yoga. No sé si esa escena se dio, pero me imagino que te abrazó muchas veces de cualquier forma.
En cuanto nos acabemos la sopa de verduras, voy a hacer las lentejas con arroz de Mary.
Muchos abrazos y cariño,
Adela.
Ay Adela, lo que pasa es que durante muchas épocas la combinación de yoguini y mujer judía árabe hija de inmigrantes sirios de mi abuela era una bomba atómica. Creo que durante mi adolescencia fui muy agresiva con Mary. No nos entendíamos, mejor dicho, yo no la entendía como lo entiendo ahora porque era joven y necesitaba contraponerme a muchas cosas para encontrar mi camino. Recuerdo un viaje a Europa con ella, me causaba rabia, alergia. Porque a veces era una contradicción bípeda. Recuerdo que me decía, y hay que entender que ella era hija de sirios sin educación y sin dinero, la casaron con mi abuelo, un hombre mucho mayor que ella, por suerte porque no tenía dote. Entonces ella me decía a los 15 años que me casara con un joven judío, que les informara quién era mi papá. En su idiosincracia, yo era una casadera con dote. Pero para el mundo de donde ella venía, ella se abrió a muchas cosas, al yoga, a una comunidad de yoguinis a un modo de vida distinto. En fin, Una crece y es evidente que Mary no podía entender mis ínfulas Virginia Woolf, y yo me la pasé muchos años mostrando quién era más inteligente y subrayándole todas sus contradicciones vitales. Y ¿para qué?
El post es hermoso y tremendamente tierno.
Y sobre lo de subrayar las contradicciones vitales: se me figura que la coherencia es una construcción de lo más frágil y por eso se va justo antes de que se vaya la memoria. Pero de todos modos somos animales que la necesitamos como a la comida. Por eso necesitamos tanto de reglas...
(eso de los frutos del mar fue genial... además de lo ingenioso, también, quizás, porque eso quiera decir "resignificarse"... aunque fuera de broma)
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