
Una profesora mía decía que la vida interior no se cura, se ahonda. Es muy bello lo que dice, pero cuando uno lleva años en el diálogo interno y egocéntrico de la melancolía y siente una clausura de sus posibles, y además tiene la intuición de que la vida podría ser de otro modo (y por qué no decirlo, se dio cuenta de que no es un poeta del mal y, se está condenando a la frustración crónica), entonces recurre o al psicoanálisis, a la terapia o al psiquiatra. Como de costumbre, tengo varios posts en mente pero poco tiempo para escribir, les debo uno sobre la Pascua y la hospitalidad, según Rosenzweig, Levinas y Derrida. No dejen que se me olvide. A partir de mi entrada sobre mi experiencia con el psicoanálisis he recibido varios correos de amigos psicoanalistas y he tenido algunas discusiones, lo que no me ha hecho cambiar en nada mi opinión sino darme cuenta de más (pre)suposiciones que están detrás de las discusiones y que quisiera tocar en este post, porque fue por ellas que me decidí en un primer momento por el psicoanálisis y no por tratarme psiquiátricamente o buscar otro tipo de terapia.
Si bien es cierto que hay muchas cosas que reprochar a la psiquiatría, como la de haber extendido o sobrediagnosticado la depresión (pero lo mismo se puede decir del diagnóstico de histeria en el psicoanálisis, a donde casi cabemos todas las mujeres) y sobre todo la de trabajar en beneficio de la industria farmacéutica, quisiera revisar algunas de las suposiciones que sostienen que el psicoanálisis es la única cura eficiente, puesto que la psiquiatría sólo curaría el síntoma (la depresión) de una neurosis estructural. Y la bien conocida crítica del psicoanálisis a las terapias es que éstas sólo son programáticas o una serie de ingredientes para ser feliz. Tengo algunas cosas qué decir, siempre desde mi propia experiencia y desde la poca o mucha capacidad analítica que me han dado nueve años de estudios de filosofía para juzgar ciertos argumentos. No tengo la última palabra, ni la primera ni la segunda, no dudo que la experiencia de otros en el análisis haya sido mucho más bella y más fructífera que la mía, es simplemente esa idea de que es LA cura que no es para todos sino para ALGUNOS privilegiados, la que me causa roña.
Por supuesto que la crítica general - y para mí la mentira del psicoanálisis- fue en cuanto a la transferencia. En pocas palabras uno reproduce en la relación con el analista las relaciones que habitualmente hace en el mundo. Por lo mismo, todo lo que yo haya dicho de mis antiguos analistas no tiene nada que ver con ellos sino conmigo. De ahí que uno como paciente, que entró en análisis porque evidentemente tenía dificultades para relacionarse en el mundo, sea responsable de que la cura no llegue o no avance por una negación, un rechazo o mejor dicho, demasiado apego a su neurosis, incluso a la neurosis de transferencia. El apego porque supuestamente la "neurosis" (si es que algo así existe) es la forma en la que uno ha logrado defenderse. Como uno repite su modo habitual de relacionarse o comportarse pero el analista no se da, la figura del analista toma una importancia considerable para el paciente y, fatalmente, el narcisismo del analista se juega en la transferencia. La transferencia, que aunque el Maître diga que es amor, es otra forma del poder, por esa posición de superioridad en el saber que tiene el psicoanalista frente al paciente. El mito está en que repitiendo los mismos esquemas y padeciendo de lo mismo, tirándose al diván y hablando infinitamente y escuchándose repetir lo mismo, algún día como por arte de magia aparece el trauma inicial o llega uno al ojo del huracán,y finalmente la cura acontece. En mi caso, quizás el momento en el que dejé de tener apego a esa neurosis o de estar en la negación, fue el día que salí del consultorio y dije "le tengo que llamar a un psiquiatra". Tan no hubo apego que me tomé las pastillas y he dejado de relacionarme con el mundo de la misma manera, lo que había buscado tantos años en el anñalisis. (a lo que una dice, para qué irse a tirar cinco años en un diván si se puede tomar una pastilla y salir del impasse en unos meses). Pero sobre todo, un punto importante, es que creo que todos esos años repitiendo y experimentando dolor, causan un desgaste anímico que se acumula, además de que cinco, siete o diez años en la juventud teniendo problemas para relacionarse o para producir, no pasan en balde. Mis amigos que llevan siete u ocho años en análisis siguen - visto desde afuera- permanecen en el mismo lugar, se les ve, eso sí más tristes, aunque su análisis les funcione a veces como placebo, y ahora han adoptado el lenguaje del psicoanálisis para hablar de sí mismos - y sólo hablar de sí mismos. Pero claro, eso suena superficial frente a la posibilidad de internarse en el inconsciente, atreverse a sentir el dolor, a leer los sueños, a conocerse a sí mismo...aquí algunas de mis réplicas:
1. El dolor. En nuestra cultura tenemos la idea de que en el dolor nos acercamos a las profundidades de la existencia. La sola idea o imagen de ver a Orlando tomando una pastillita para terminar con la tristeza nos parece horrible. Lo que quiero decir - y miren que tampoco creo que los antidepresivos o los inhibidores de recaptación de serotonina sean la única y mejor opción para todos- es que la sensibilidad no se borra con el tratamiento, uno no deja de resentir la tristeza y la vida interior no se cancela. Me afligí por la muerte de mi abuelo, y pude compartir mis palabras con los otros miembros de mi familia, ya sin sentir que los otros me quitaban el aire o me robaban mi espacio, sino en un dolor que compartía con mis tíos y mis primos, con mis hermanas y con mi madre. Quizás lo que cambia es ese sentimiento de clausura, de menos en mi caso, ya no me siento condenada a la absoluta soledad y al quebranto por cualquier cosa, ya no me importa lo que digan de mí ni releo los mails miles de veces para ver si quería decir que no quería decir. Por eso decía en mi último post que de alguna manera, los antidepresivos me han devuelto a la generosidad y han sido para mí el mejor método de conocerme: alguien con capacidad de amar, de crear, de vivir, de tener amistades.
2. El conocimiento de sí mismo. Una de las suposiciones que realmente me irrita del psicoanálisis es la suposición de que es la única terapia o cura que le da al paciente la posibilidad de conocerse a sí mismo. Yo no lo creo, de menos no creo que sea la única y que tengan ese privilegio. Yo en los años que estuve analizando mis sueños y mis lapsus, no logré un mayor conocimiento de mí misma - yo creo que eso es parte de vivir y de ser con el otro, por el otro. Algunas terapias, por menos intelectuales que suenen, han ayudado a muchas personas. La idea de que eso sólo tapa con chicle la tubería y que la mierda se sale por otro lado...no sé. Ahora estoy segura de que no voy a volver al lugar que estaba antes de medicarme, digo, es básico, es lógico, hay un cambio químico, por qué habríamos de creer que hay un dibouk o un trauma que necesariamente tiene que expresarse y curarse a través de la palabra. Algo curioso que me pasó con los antidepresivos - y creo que se pueden llevar muy bien con una terapia, no se excluyen- es que mis sueños cambiaron, lo que quiere decir que lo simbólico tampoco se constituye según la estructura de la personalidad. (antes realmente me concentraba en mis sueños, los escribía, ahora me dan lo mismo, a veces me dan risa y capto algo y sigo con el día sin clavarme demasiado) Cuando comencé el análisis, soñaba que me robaban los libros o la computadora o que entraban a mi casa, vencían la puerta, etc. El otro día soñé que estaba en una tienda con mucha gente, tipo una tienda departamental, la asaltaban, le robaban a todos pero yo lograba rescatar mi computadora con mi tesis. So...
11 comentarios:
Querida Miriam, no sé si es por lo bien que argumentas, por purita casualidad, o porque me pierde la amistad..., sé que me convence tu discurso y estoy de acuerdo con lo que dices hoy, como tantas veces. Y sé que me viene bien leer hoy esto.
¡Gracias!
Besos,
Gracias Izaskún, me acabo de dar cuenta de que escribí algo muy largo. Sí, quizás sea la coincidencia, esa que hace la amistad. En realidad no escribí estos post para discutir con psicoanalistas, sino para dar testimonio de mi experiencia que sé que es cercana a la de otros. Recuerdo cuando le dije a amigos psicoanalistas que dejaba el análisis, todos me dijeron que no, que tenía que confrontarlo con ella, de menos una última vez y pagar la sesión. Que de nada servía dejarlo porque iba a volver a estar mal, a recaer (en lo mismo, claro). Y no. Habría que decirle esto a la gente que tiene miedo de dejar el psicoanálisis o de tomar antidepresivos, y no, uno no recae, no tiene efectos secundarios necesariamente, no deja de resentir tristeza, ni de tener vida interior, etc, etc.
No he tenido experiencias con el psicoanálisis, pero sí con los antidepresivos, y coincido en gran parte con lo que dices. A mí me fueron muy bien y hasta me consiguieron novio, o sea que sería tonto quejarse.
Hola, Miriam. Gracias pr compartir tu experiencia. Mi experiencia con los antidepresivos ha sido similar a la tuya, muy positiva, aunque mis sueños no cambiaron. Pero mi mamá dice que los suyos sí (ella tuvo una depresión clínica) y que se hicieron más intensos. Creo que aquí hay que incluir la biología y las reacciones químicas que varían de ser a ser. En cuanto al psicoanálisis, mi experiencia ah sido súper positiva. Estoy de acuerdo contigo en que no todos podemos crecer y mejorar a través del psicoanálisis, y por eso creo que es necesario recalcar que no debe haber absolutos, ni sólo análisis ni nada de análisis nunca para nadie, creo que depende. En los últimos 6 años tuve 2 años de psicoterapia, casi 3, y 3 años de análisis que concluirán en agosto porque me mudo. La psicoterapia giró mucho en torno a la transferencia y eso no me ayudó tanto. En general, me ayudó con algunas cosas, pero en otras me estanqué y creo que eso tuvo mucho que ver con el psicoterapeuta en cuestión. Pero en el análisis de verdad que he tenido una experiencia maravillosa, me ha ayudado a resolver ciertas cuestiones importantes, me ha dado las herramientas para resolver ciertas neurosis, y me ha ayudado a conocerme a mí misma, a ser mucho más feliz, generosa, amorosa (todas esas cosas que a ti te han ayudado a ser los antidepresivos). Aunque sé que el psicoanálisis tiene sus defectos, sus peros muy grandes, et cétera, creo que también es necesario hablar del psicoanalista y el psiquiatra como individuo. Algunos son muy malos y hay que aceptarlos. Siempre sospecho cuando veo amigos que llevan 8 ó 9 años en análisis y siguien, como tú dices, en el mismo lugar. En agosto TENGO que dejar el análisis porque me voy, pero mi analista y yo estamos de acuerdo en que seguir en análisis después debe de ser una decisión propia y algo que yo debo de deciridr poco a poco conforme vea cómo me siento en mi nueva ciudad, con mi nueva gente, y con mi nuevo yo. Creo que hay de prácticas a prácticas. A veces caemos en buenas manos y con gente que realmente considera que su papel es ayudarte a valerte por ti mismo, y que puedes decidir cuándo irte y cuando volver si eso es lo que quieres. Pero he visto en muchísimos casos lo que cuentas, relaciones de dependencia donde el analista no deja ir y donde no hay un verdadero progreso ni cambio de vida en el paciente. Es un tema complicado. De nuevo, gracias por compartir y abrazos. Ah, por último, también he visto gente que toma antidepresivos, amigas cercanas, y que siguen en el mismo lugar. De nuevo, no hay absolutos, en esto de la mente, somos individuos.
Allay, y mira qué novio te fuiste a encontrar! Yo también me conseguí un novio, que ya conoces.
Adela, a veces me gustaría tener aún una terapia, alguien con quien tratar ciertas cosas, incluso hablar de algunos de mis sueños, lo que no me gustaría por nada volver a tener es esa relación con el analista. Creo que por estar en EU no sabes a lo que me refiero, porque allá dan terapias psicoanalíticas, no tanto análisis y lacaniano que es peor (creo que eso ya sólo existe en Francia, en México DF y en BA). Hablar en el diván y que te paren cuando nombras el fantasma y ahí acaba la sesión. El analista casi no habla, y cuando lo hace parece que su palabra tiene fuerza de ley. Me gustaría discutir mis sueños con alguien, trabajarlos, hablarlos, pero no que me trate como si él o ella tuvieran el conocimiento absoluto sobre el inconsciente y el deseo y estuvieran guiándome hacia una cura milagrosa, donde no puedes decidir nada porque estás bajo el poder de la transferencia. No sé, yo tengo mucho enojo también con mi experiencia quizás porque tú tomaste anti-depresivos Y hiciste análisis, en mi caso la opción era negada, mi analista aquí me dijo que los medicamentos eran para gente que no tiene discurso!!!! (hija de puta), el de México después de un año no se le ocurrió que podía paralelamente tomar algo, el primer año en Paris estuve en una depresión marca diablo, creo que él la hubiera podido aminorar o evitar, pero no, está la idea de que uno siga en el dolor porque la cura se da a través del fantasma en la repetición.
Y ¿A DÓNDE SE MUDAN?
Se me olvidaba, creo que mi experiencia tan personal tiene algo de enojo porque estuve este verano a punto de renunciar a la tesis, no podía escribir, me sentía acomplejada y de lo más deprimida. La psicoanalista me decía "es la realidad de la neurosis", como si eso le pudiera a uno ayudar. Tomé antidepresivos y estoy muy cerca de terminar. Por eso mis objeciones al análisis, porque defienden sus dogmas hasta el final, a veces, les importa más la realidad de la neurosis que la de el paciente.
Miriam, pero qué cosa. Ni idea tenía de estas diferencias tan enormes entre los tipos de análisis. Siento muchísimo lo que has pasado y tienes toda la razón de estar enojada. Gracias por aclararme esto de las diferencias del análisis. Sé además, en carne propia, lo que es no poder escribir por la depresión. Si no fuera por el trabajo que he hecho en el análisis, no estaría a punto de terminar la tesis. Espero que las cosas vayan ya mucho mejor. Por lo que dices, parece que sí, y que sigas creciendo y que seas muy feliz. Te mando un gran abrazo, grande.
Nos vamos a Tacoma, Washington, donde empiezo una plaza de tiempo completo como profesora de asignatura de siglo dieciocho inglés. Ya que termine la tesis, les cuento en detalle. Y, claro, una vez que nos mudemos habrá muchas fotos y noticias que compartir.
Otro abrazo.
Adela, felicidades!! Una plaza!!! Qué maravilla. Eso no es poca cosa, tenemos que brindar por eso. ¿Cuándo vienen a Paris? Busquen un coloquio, algo en Londres y crucen el charco.
Un abrazo
M
Hola Miriam!!
A mi también me parece muy bueno tu escrito y lo comparto porque pasé por algo similar. En mi caso me permitieron tomar la terapia cuando lo sintiera necesario (solo fuí a cuatro sesiones) y el tratamiento siquiatrico a la vez, de hecho fue la terapista la que me lo recomendó y me dió muy buenos resultados, conseguí trabajo, salí de una relación amorosa conflictiva, adelgacé, en fin.
Saludos...Nely Rubio
Pues sí Nelly, de eso se trata, de estar mejor, de salir del hoyo. Sí hay un deseo de cura, y eso tiene que ser también escuchado por el terapista.
Hay algo que se me ha olvidado decir, una muy importante es todo lo que la yoga me ayudó en ese proceso, no todo fue químico. Mi hermana dice que trabajé mucho en análisis, el problema es que yo no me apropié de ese trabajo, porque siempre está el analista con la batuta, hubo cierta alienación en ese "trabajo"...
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