lunes, abril 26, 2010

Santa Rusia en el museo del Louvre



Hoy fuimos a la exposición que el Louvre dedica este año al arte ruso "Sainte Russie" que inicia a partir de la aparición de los "Ross" en la historia y termina con Pedro el Grande en el siglo XVIII - hay un manuscrito de la época carolinge del siglo IX en latín maravilloso, donde habla de un pueblo que se nombran Ross. Hay también una carta maravillosa de la comunidad judía de Kiev a la comunidad de El Cairo, escrita en letra oriental en hebreo, del siglo X. A partir de la conversión al cristianismo del príncipe Vladimir en el 988, aparece el arte cristiano ortodoxo. Si tuviese tiempo - porque ya de por sí me entró una inmensa culpabilidad por haber abandonado la tesis para ir a la exposición-, digo si tuviese tiempo porque hacer una tesis es vivir como un condenado a muerte, con los días contados, contra el tiempo y contra uno mismo, experimentando una frustración constante en esa soledad de la escritura, que tiene algo de religioso, es cierto, y algo de profano en el mundo de la productividad. En fin, si tuviera tiempo me pondría a leer sobre los iconos ortodoxos, que siempre me han apasionado, sobre todo porque ahí la perspectiva es teológica, y hay una lógica del espacio a partir de la experiencia de lo religioso en el testimonio del icono de la distancia de lo irrepresentable. Mis favoritas, desde hace muchos años, son las Vírgenes de la ternura, con el niño besándoles la mejilla y acariciándoles el rostro (yo tengo un icono que compré en Belgrado de Ana y María y recuerdo que la primera vez que vi Vírgenes tiernas fue en Praga.) Siempre me han llamado mucho la atención las imágenes ortodoxas de la ascensión de la Virgen, donde aparece Jesús cargando el alma representada como una niña, lo que según yo expresa esa paradoja de la anterioridad de Dios a su madre. (a lo mejor estoy diciendo una burrada).
Ah, también si tuviera tiempo, aunque me lo voy a hacer, rentaría la película de Tarkovsky, Andrei Rublev.
En fin, quienes puedan darse una vuelta por el Louvre y dedicar unas cuantas horas de su vida, porque es larga, no se la pierdan.
[Retrato de Pedro el Grande por un pintor inglés y el retrato del patriarca Nikón del siglo XVII]

3 comentarios:

Allau dijo...

Hala, ¡no más a dar envidia! Como si todos pudiéramos darnos una vuelta por el Louvre cada tarde de la semana.

Bueno, en París no hay playa. ¡Jódete!

Miriam Jerade dijo...

Bueno, en el Louvre hay playa, http://www.google.com/images?client=safari&rls=en&q=paris+plage&oe=UTF-8&um=1&ie=UTF-8&source=univ&ei=vRXWS8fOFKKiOPXS-PwN&sa=X&oi=image_result_group&ct=title&resnum=4&ved=0CC4QsAQwAw
No tan sucia como la de Barcelona y un poco artificial.
Ay! Morí de la risa.
Un abrazo.

Allau dijo...

Ja, ja! Un abrazote nada envidioso.