lunes, enero 18, 2010

Hacer sinagoga en un parque

Sola, en mi cuarto, rezo el Kadish que habla de los múltiples nombres de Dios, en nombre de mi abuelo "Itgadal veitkadash shemé raba". Tengo mucho que decir en nombre de mi abuelo, de su nombre en Dios. He pensado ir a la sinagoga sefaradí cerca de casa, para rezar sola y acompañada, en una comunidad similar a sus orígenes pero igualmente lejana a ese mundo desvanecido del que vino. Entonces recordé un texto que escribí en Amsterdam en el 2005:

Y si un día cualquiera no te lo propones, aprarece así sin más, te sorprendes en el límite de lo prohibido, en el margen de lo irreprochable y lo condenable: una mujer haciendo sinagoga.

Fuimos Daniel y yo a Amsterdam a pasar cinco días en esa ciudad de canales que fluyen en forma de caracol, de habitantes cool, ecológicos conductores de bicileta, pachecos en dosis racionadas. Vimos una retrospectiva de Egon Schiele maravillosa y al Neatherlands Danz Teater imitando con cuerpos humanos la corporeidad de los molinos .

Y si en un viaje de turista te conviertes en rabina y coro, entonas un salmo que canta la reconciliación de tu religión denegada...

El último día del viaje decidimos separarnos porque Daniel quería comprar un traje sastre y, yo que huyo de las tiendas, preferí no acompañarlo. Él y yo nos estamos separando de una unión metafísica, aunque no lo confesamos.Elogiamos a Amsterdam porque no tiene vitrinas como Paris que es una tienda con un museo como souvenir, - claro, nunca fuimos a las vitrinas de Amsterdam que ofrecen carne fresca-.

Y si sales de tu hotel sola...

Caminaba rumbo a la sinagoga portuguesa cuando un tipo me sonríe, me cae bien que alguien me aborde así en la calle, cuando estamos juntos Daniel y yo no conocemos a nadie más. Me invita una cerveza en el Vondelpark, dije sí, buena oportunidad para entender un poco más de sociología, de este pueblo de gigantes que me intriga por su calidez pese a largos inviernos. Yo de por sí, estoy ebria de tristeza. Fuimos al parque y cuando caí en la cuenta estaba sentada en la banca con los clochards, no me percaté la verdad, el tipo me pareció simpático, bueno, tampoco me ando fijando en los zapatos y los calcetines y las uñas...algo de ingenuidad me queda, creo que por eso sufro tanto al verme juzgada, al ver que hay una jerarquía y que los adultos son seres con prejuicios bien definidos; yo permanezco inmune - aunque a veces quisiera pertenecer a no sé qué comunidad de normales-.

Y si estando en un parque te encuentras formando parte de una comunidad ajena a todo adjetivo, a toda historia, herencia cultural, ley o promesa...


Compartimos la banca y tomamos cerveza los cuatro. Un hombre alcolizado con la piel resquebrajada, el anfitrión, su invitada y Abraham: judío portugués que desde que me vió me preguntó sobre mis origenes judíos - shiboleth- . Él: hombre de exilios, de biblias múltiples que van de la travesía del Sinai a los ojos deslumbrados de Mersault. Yo invité la segunda ronda de cervezas en lata. Hicimos sinagoga en el parque, también él tenía su tierra prometida y dinero en west union que no podía recoger porque se le había perdido la carta de identidad, el carnet y el pasaporte. A él lo espera una mujer en California: Penélope en bikini contando granos de arena, como otras realizan el acto nimio y finito de destejer mortajas. En vez de salmos, toca el violín y cantga Fadjos y en vez de diluvio, le caen esporádicamente algunas monedas- maná del cielo.

Hablamos de la sinagoga en una banca del parque, era viernes por la mañana, algo del shabat se preparaba. Él: judío babélico, hablaba portugués, inglés, español y hebreo y, no obstante, estaba perdido, si bien no paraba de repetir que un judío habla todas las lenguas y su tierra es el mundo.
Mi anfitrión acaba de salir de la carcel e intenta reconstruirse una vida, pero el día del shabath una desconocida aceptó una cerveza y una invitación al parque y seguramente descansó, al igual que Dios de la semana. Gracia divina sobre el ser humano ésta de comenzar, eso fué lo que le dije, una bendición para su nueva vida.

Me fuí cuando Abraham se puso a dudar del camino, su vida le caía encima como la tarde y nos preguntaba, "'¿Cómo fuí a terminar de clochard - él decía en inglés algo así como "bum". Salí corriendo, me faltaba visitar la sinagoga, ¿qué estaba haciendo en el parque con tres miserables, mi último día?

Llegué a la Sinagoga de piedra, a la sinagoga-museo y recordé que ya había estado ahí antes con mis papás. Una mujer judeo-mexicana con peinado cacatúa teñido en rojo y amarillo me preguntó todos mis datos, apellido, quehaceres y me presumió que su hija era directora del colegio hebreo Tarbut - dirección de un antigüo infierno-.

De esa Sinagoga había sido excomulgado Spinoza, quien seguro iba a rezar y a pensar al bosque que ahora es un parque...

8 comentarios:

Miriam Jerade dijo...

Lo peor es que esto fue verdad, es autobiográfico. Estaba bien pendeja, bueno, todavía aunque ya menos...Me agrada pensar que aquellos que hemos sido iniciados en la literatura, para los que amamos leer y escribir, nada de lo humano nos es ajeno.

Daniel G.G. dijo...

Sólo puedo decir una cosa: Es hermoso! Un abrazo fuerte, querida Miriam

Miriam Jerade dijo...

Gracias Daniel.

Esponjita dijo...

muy hermoso. el remate, genial...

viviana mendez & eric caillou dijo...

"nada humano me es ajeno". Un beso y gracias por compartirlo conmigo, seguire leyendote. te mando el mio, hoteldeluniverso.blogspot.com, el problema es que alguien me lo bloqueo (yo sé quien) no se como se hace para desbloquearlo y desde entonces no escribo.
besos

Miriam Jerade dijo...

Pucha, Vivi, cómo que te bloquearon el bló, puedes ver eso con los administradores de bloger, cambiar tu password o de plano cambiar de dirección. Le eché un ojo, me gustó muchísimo. Abrazos y hasta las soldes.

siempreconhistorias dijo...

Preciosa entrada, Miriam, bellísima. Tienes una claridad expositiva en español que es lo único que leo bien y en lo que te leo, verdaderamente envidiable. Cuando defines a los adultos como seres con prejuicios bien definidos me dejas petrificada. ¡Va a ser eso lo que me pasa: ma quedé en el camino!
Muchas gracias por ser, querida Miriam.
Abrazo.

Miriam Jerade dijo...

Gracias Izaskún. Cuando pienso en los adultos con prejuicios bien definidos, estoy pensando en muchos menos en ti. Gracias por compartirnos tu viaje al sur de América. Abrazos.