Ella, mi madre, me escribe un mail: "todo ha sido muy rápido". La vida de mi abuelo corre hacia su desenlace. La llamo, de larga distancia su voz me abraza, me consuela, calma mi llanto infantil que grita desde el auricular "mamiitaa", como si ella pudiera aclararme el misterio de la muerte. Recuerdo hace cinco años cuando me avisaron que llamara urgentemente, entré en una cabina telefónica, al otro lado del auricular, la voz de mi padre, febril, me anunciaba que mi abuela moría. El mundo se suspendió mientras la tarde declinaba en Belleville. Lloramos a Mary un mar de lágrimas y, nos comunicamos como dos niños desprotegidos, yo lejos de casa, él huérfano.
Llamo dos, tres, cuatro, cinco veces al día, todo ha sido muy rápido menos la espera. Me levanto sin saber si él está allá o más allá, si ellos están de pie o en el suelo. Siempre supe que mi abuelo Alberto moriría así, por decisión propia, en su cama, sin las torturas de las enfermeras y de los termómetros, sin enfermedad de por medio, sin otra razón que haber cumplido el último agosto noventa y seis años. "Todavía el viernes nos recibió en su casa y nos sirvió de comer", me dice mi mamá. Luego se cayó, los viejos siempre se caen, ese es el síntoma principal de que han caído enfermos, algo falla en la maquinaria y se desploma la carroza. El sábado se arrancó la sonda, porque el abuelo es necio. Nunca se quiso mudar de esa casa inmensa y fría de Tecamachalco, aún si le insistíamos que estaría mejor en un departamento, que podían entrar a robar, que era peligroso, que nadie lo iba a escuchar si se caía durante la noche o se tropieza en las escaleras. Pero hay seres tan testarudos como mi abuelo, que tratarlos de convencer de lo contrario, es ya una necedad. Esa casa era su vida: el jardín, sus nietos y la mujer a quien amó. Incluso tratar de convencerse de algo le tomaba tiempo, recuerdo cuando vino a visitarme a Paris con mis tíos hace dos años, vimos todas las chamarras de C&A, en un juego de números o de niños, hacía las transferencias a dólares, luego a pesos. Tuvo necesidad de ir al baño y salimos corriendo de la megatienda a un café de la rue de Rivioli, tomamos una coca para luego regresar a C&A para consumir el resto de la tarde y salir con una chamarra.
Ay, ahora que lo pienso, me quedé debiéndole un diario de viaje. Cuando fuimos en crucero por el Mediterráneo, me pidió que escribiera una crónica, pero nunca lo hice. Comencé, en algún lugar debo haber apuntado unas cuantas frases. Él siempre tenía un diario, hoy, en alguna de mis llamadas mi mamá me avisó que encontró el cuaderno donde describe nuestro encuentro en París. Hace algunos años encontré su viejo cuaderno de cuando llegó a México, donde apuntaba las palabras en español que aprendía, los libros que leyó y sus gastos. En ese viaje al Mediterráneo, le pedí que me enseñara el árabe, su lengua materna; pero ni su paciencia ni mi impulso duraron lo suficiente, apenas me mostró el abecedario y las grafías y, en alta mar entonó aquella canción que me enseñó de niña mi abuelo José: "alalala leya, alalala leya". De niña, mi abuela Mary me pidió que escribiera una canción, escribí varias que firmé como "cantautora".
Mi hermana Esther - quien lleva en memoria el nombre de mi abuela-, le pasa el teléfono, no sabemos si nos escucha. Su larga distancia intersecciona con mi larga distancia. Le hablo al oído.
Siempre me respetó, aunque soy la oveja negra de la familia; quizás porque él también, a su manera, tenía una naturaleza rebelde, detestaba a los extremistas religiosos y cuando era joven convenció a los ancianos de invertir el dinero de una sinagoga en una escuela. Nunca volvió a Damasco, aunque sé que los olores y sabores del barrio judío no lo abandonaron.
Vuelvo a llamar antes de irme a acostar, ¡no entiendo lo que está pasando!, escucho risas, de fondo las voces de mis tías y de mis primos en un ambiente festivo. Mi mamá me dice que están en el cuarto de mi abuelo, mis primos están en la cama con él, "es tu primo Beto echando relajo, aquí estamos chismeando". Entre risas, recuerdos y el alto volumen que nos caracteriza, le dicen A-dios. Se han cansado de esperar, se han cansado de estar tristes; la vida siempre se superpone al dolor.
No hubiera podido desearle una muerte más bella a abuelito Alberto.
15 comentarios:
El ambiente es festivo, estamos celebrando la vida... Abuelito es una celebración a la vida, a ser derecho, honesto, cariñoso, alegre, leal, a compartir, adaptarse, evolucionar... que maravilloso ser parte.
Ha sido un privilegio compartir con él.
Un honor acompañarlo en este momento.
Te extrañamos, sin ti la familia no está completa (porque aunque te sientas oveja negra, eres parte importante). Ojalá vengas.
Un abrazo fuerte.
Sandra
Sandra, gracias por venir y por estar, yo creo que la presencia es mucho más amplia y compleja, eso también nos enseña el duelo, la presencia espectral de los muertos en los vivos. Sí, abuelito es una celebración a la vida.
Creo que me equivoqué con el término oveja negra, no me refería a alguien que no es parte sino a alguien rebelde, que no sigue las reglas. Claro que sé que soy parte importante. No sé si pueda ir, pero allá estoy, con todo mi corazón.
Un abrazo.
Miriam, conseguiste que se me saltaran las lágrimas. Te dejo un abrazo fuerte, fuerte. Y besos,
sara
También a mí me saltaste las lágrimas querida Miriam, complejos son los duelos sí, y bella la muerte de quien lleno de vida. Mi abuela, también en su cama, murikó un 31 de diciembre Juanto a mi hermana y a mí. Brindamos el paso al año nuevo con ell,a le compartimos cama,la amortajamos. Fue una mujer enamorada de la vida.
Un abrazo,querida Miriam.
Gracias Sara, gracias Izaskún (qué bonita historia, brindar el año nuevo con ella). La verdad es que gracias al blog y al face book, una se siente más acompañada.
Murió el último que me quedaba. Tuve la suerte de conocer y convivir, de amar infinitamente a mis cuatro abuelos.
Miriam, qué hermoso escrito... y qué gran despedida para un gran hombre. Gracias por compartirlo. Te mando muchos abrazos.
querida:
gracias por compartir...
conmovedor y a la vez lleno de una alegría contagiosa; tienes razón, no es terrible. un beso grande.
verifición de la palabra: backs
Qué suerte haber tenido tan buen abuelito, y que te haya durado tanto.
un enorme abrazo
Huy yo también lloré al leerte Miriam,tuve un abuelo bello como el tuyo, ojalá pudiera rendirle tributo como tu haces con los tuyos.
Un abrazo...Nely Rubio
Miriam, con todo cariño te escribo este comentario y reconozco que también me haz hecho llorar un poco; al leer tu comentario por primera vez, estaba a un lado de abuelito, dandole la mano y escuchando sus ultimos suspiros.
Como lo dice Sandra mi prima, realmente el ambiente en la casa de abuelito es un ambiente de celebración, de homenaje a un gran hombre, que dejo mucho mas de lo que se llevo y que al recordarlo nos hace sentirnos cada día mas orgullosos de llevar su apellido y algunos de nosotros su nombre.
Te mando un fuerte abrazo.
Alberto Dana R
Miriam, un abrazo silencioso.
¡Qué bella vida y más bella muerte!Tu texto de despedida y celebración me emocionaron y me llevaron a reflexionar sobre una frase que me grabó el alma cuando estaba en el velatorio de mi querido Sergio y mi tío se sentó junto a mí diciéndome -fue una bella boda y una bella muerte-. Se refería a nuestra boda celebrada tres meses antes de que la muerte alcanzara repentinamente al novio, mi recién esposo. Yo taché de loco a ese tío en aquel entonces (hace 27 años)pero sigo dándole vueltas a la frase y con la hermosa vida/muerte de tu abuelo creo que me estoy acrecando al verdadero significado.
Beto, qué gusto leerte aquí. En cierto sentido, los judíos llevamos una memoria del nombre, para santificar la vida de los muertos "zichrono leberaja". Qué orgullo que portes su nombre. He pensado mucho en ti, porque a la vez es duro que abuelito no esté para el nacimiento de tu bebé, pero por otra parte, creo que los muertos le heredan algo de su alma a los que van a nacer. El abuelo de mi amigo Daniel murió también a los 96 años, el día en que nació su bisnieto.
Angie, no sé si estoy de acuerdo con tu tío, Sergio tenía una vida por delante, su muerte fue trágica aunque murió quizás en el momento en que más amaba la vida, en que más amaba vivir y te amaba a ti. Tú, con tu disposición al amor, enalteces su memoria.
Rebe me platica que en los sistemas escolares progresistas como Waldorf el mayor número de puntos para ofrecer becas a los necesitados se otorgan a los pequeños que carecen de relación con sus abuelos...
Tu relación con tu abuelo Alberto es uno más de los regalos de los que te ha colmado la vida.
¡Que en paz descanse! Y que si existe un más allá como lo imagina Maeterlinck en El Pájaro Azul, siempre lo visites.
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