Cuando discutimos la frase "Me robaron mi holocausto", mi motivación no era burlarme de esa persona sino exponer un sentimiento que es revelador y que tampoco surge de la nada. No digo que quien lo enunció sea tonto o poco reflexivo, sino que esa frase, tan al desnudo, devela toda una complejidad ideológica. Lo que él expresa cuando ve el símbolo nazi unido a otros símbolos y referido a otras circunstancias, podría pensarse en un primer momento, como una indignación por la banalización del holocausto (ojo, la banalidad del mal según Arendt no se refiere al poster de Hitler junto al de Piolin, sino a algo que está más bien del lado del artista, pero haré próximamente un post al respecto), esa reacción se refiere a la postura que mantiene que la Shoah no puede ser comparado a ningún otro suceso histórico, a ninguna guerra o crimen, y en parte tiene razón, puesto que nunca antes se había dado una aniquilación racial planificada y técnificada, realizada puntualmente. De hecho, en mi tesis de licenciatura escribí todo un anexo sobre el "Mal absoluto", del cual me desdigo públicamente. En mi opinión, con el cuidado de no comparar - las comparaciones son siempre muy peligrosas-, me parece que se pueden comprender muchos aspectos ideológicos y propagandísticos, incluso tecnológicos, entender mejor las violencias políticas y sociales actuales a partir de un estudio del III Reich, eso me parece menos naïf que pensar que el holocausto ocurrió de la nada y que fue obra de unos monstruos que aparecieron en la tierra, dirigidos por Adolf Hitler, que los Americanos destruyeron en Normandía y de quienes ya sólo quedan indicios de ese suceso en los museos del Holocausto. O lo que me parece peor aún, es que la gente que piensa que el holocausto es el Mal incomparable, no se indigne ante un discurso como el de John Howard, el primer ministro australiano. Durante el primer año de doctorado quería analizar el III Reich a nivel discursivo porque es una mina de oro en cuanto a la propaganda y la ideología, leí mucho a Klemperer, a Arendt, a Benjamin, los análisis del discurso nazi de Jean-Pierre Faye; pero al final del año, mi nivel de alemán que había mejorado considerablemente, no era suficiente para captar sutilezas y mi pregunta no se había concretado como para aportar algo al conocimiento; todo porque no estaba en México, aquí me permito hacer un chiste irónico para los que entiendan, ahí en la facultad se pueden encontrar tesis sobre "El concepto del Ser en Aristóteles, Heidegger y Eduardo Nicol". (si no saben quién es éste último, es normal, es un maestro del exilio español, y hablando de tendencias, es un humanista heideggeriano que ya no se puede reciclar ni en el peor Vintage). La cosa es que tengo muchos archivos respecto a la lengua del III Reich y muchas horas de reflexión, que tampoco fueron en balde. Así que les propongo escribir una serie.
Empecemos entonces por la pre-historia, el nacional socialismo no inicia con Hitler, sino con un triunvirato formado por un intelectual de cafés, Moeller van der Bruck, un aristócrata relacionado a la Industria y que hace el lazo con la alta sociedad, Von Gleichen, y un tercero, Bohem, que está con los irredentistas, con los marginales de Weimar, los alemanes del Baltiko y la Alta Silecia; juntos fundan el Juni-Klub, que se convertirá en el Jungkonservative Klub y que existió de 1925-33. Rudolf Pechel, amigo de Moeller, le presenta a Hitler - pero ya les contaré de esa entrada en escena, torpe, muy torpe de Hitler- . Moeller Van de Brcuk escribe "Das dritte Reich", el libro intitulado "El tercer Reich". O sea, lo que nos interesa es este triángulo de figuras: ideólogo, industrial, resentido. Es importante porque eso permite que el movimiento llegue a varias capas de la sociedad, también a nivel discursivo y, que va a hablarle tanto a obreros como a aristócratas.
Les traduzco algo del libro de Moeller, porque en el génesis del Nacional socialismo y me parece, de cualquier movimiento fascista, está esta cuasi contradicción: los jóvenes conservadores.
«El conservador busca en revancha un lugar que hoy sea un comienzo. Por lo tanto, él es por igual conservador e insurgente. (Erhalter und Empörer zugleich). Que el insurgente sea aquel que conserva, que la novedad del "joven" no sea sino la novedad del "conservador": Tal es el movimiento circular de las "Juventudes conservadoras": el "Ring" (anillo)." Arthur Moeller van den Bruck, Das dritte Reich, Berlin, 1923.
La evidente contradicción conservador-insurgente (que es menos inteligible que revolucionario-institucional, puesto que todo lo que revoluciona institucionaliza), hace que el tiempo se estanque. Un joven conservador es un síntoma.
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Les quiero compartir un mail que me llegó ayer de Silvana, mi maestra de filosofía en la UNAM, también de origen judío:
"Por lo que alcancé a ver y a impresionarme (además hay una plaquita a la salida de esa sala donde el autor dice no querer violentar al público con estas imágenes y que es a modo de crítica), a mí me pareció alucinante. La estética nazi (¡la exposición desplegada del libro de iniciación a la lectura para primaria!), los animales embalsamados, el video de la ratas (no pude ver el bioterio), la relación con Vasconcelos... a mí me parece que es portentoso... Volveré las veces que sea necesario y pienso abrir la nueva época del taller allí, en esa sala justamente..."
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Ahora sí, que siga la polémica!!!