miércoles, mayo 23, 2012

Perdidos en las sombra.

El pasado 7 de abril, día mundial de la salud, Salomón Chertorivski, Secretario de Salud afirmó que con el crecimiento de la esperanza de vida en nuestro país y de una población mayor, han aumentado las demencias y otras enfermedades de la memoria y deterioro cognitivo, como el Alzheimer que representa una cifra mayor al seis por ciento en las personas mayores de 60 años. El Alzheimer, enfermedad neurodegenerativa que atrofia el cerebro de manera progresiva e irreversible, es la más conocida, pero existen otras, como la enfermedad de Pick, que ataca el lóbulo frontotemporal y se presenta en personas jóvenes, a diferencia de la demencia senil y del Alzheimer. Las enfermedades de la memoria la de Pick o, el Alzheimer se caracterizan por desinhibición, pérdida de la capacidad de asumir las convenciones sociales, irritación o apatía. En estos casos, pueden presentarse comportamientos sexuales o verbales fuera de lugar que el paciente no hubiese cometido antes de la enfermedad y que tampoco recuerdan su personalidad anterior. Existe el mito de que las enfermedades de la memoria atacan a las personas que no han ejercitado demasiado su cerebro, pero prueba de que esto es completamente falso son las grandes personalidades políticas que sufren de ellas, como Margaret Tacher. En la película “La dama de hierro”, Merryl Streep realiza de manera extraordinaria el papel de la primera dama inglesa, quien hoy vive en un asilo para ancianos y ya no recuerda el problema con los mineros, ni las huelgas, ni los ataques del IRA, ni todo aquello que la obsesionó durante su mandato. Otro ejemplo es Ronald Reagan, a quien mucho se ha criticado porque se cree que gobernó su último periodo ya diagnosticado con Alzheimer. Otro caso muy triste de una personalidad pública que sufre de una total pérdida de la memoria es Adolfo Suárez, el primer presidente de la democracia española, del cual su hijo declaró a la prensa a 30 años del cumplimiento de la democracia y aún en una lucha política contra la desmemoria del régimen franquista, que padece una enfermedad degenerativa que le mantiene como un niño de tres o cuatro años. Uno de los aspectos más difíciles de las enfermedades de la memoria y del cual se habla muy poco, es la dificultad para los hijos y familiares de ver a un padre o a una madre caer en los abismos del olvido, perderse en su propia casa, olvidar primero los acontecimientos recientes y terminar por desconocerlos, por ignorar sus nombres. Cuando por fin el hijo del presidente de la democracia se atrevió a hablarle a los españoles de la enfermedad de su padre: “Ya no recuerda que fue presidente del Gobierno, no conoce a nadie y sólo responde a estímulos afectivos como al cariño". Inclusive cuando los hijos parecen haberse acostumbrado a esta difícil condición, como lade Adolfo Suarez, hay un halo de tristeza: “Está espléndido. Pasa los días dando paseos, a ratos frente a la tele sin hacer comentarios. De vez en cuando lee algo, pero muy poco.”
En muchas ocasiones aquellas personas que padecen enfermedades de la memoria pierden el lenguaje, la retención de esfínteres, la movilidad; es decir, aquellos actos que parecen innatos como caminar y que en realidad aprendimos en una época temprana de nuestra vida y sin darnos cuenta, recordamos cada día. Leí hace poco el libro “Las palabras perdidas” de la autora Victoria Dana (Textofilia 2012), en el cual el personaje principal, Blanca Hernández, sufre del síndrome de Pick, de una pérdida progresiva del lenguaje que la obliga a remitirse al diccionario y a anotar datos como la dirección de su casa, el teléfono, los nombres de las personas cercanas. La enfermedad de Pick conlleva el abandono de la propia identidad lo que provoca que Blanca se pierda en la ciudad para adentrase cada día en un abismo brumoso que la retrae de los suyos. Con profundo respeto, la autora plasma el dolor de quienes padecen una enfermedad de la memoria y se dan cuenta en una primera etapa de la pérdida, de los despistes cotidianos que se convierten en una callada desesperación, en la derrota de quienes no pueden ya retener lo inmediato y por suerte, durante algún tiempo, logran viajar al pasado, a la niñez, a sus momentos más alegres hasta que el personaje pierde incluso el lugar de narrador y es su hija la que toma la batuta, para contar la historia de su madre que se queda mirando fijamente los cubiertos y no quiere usarlos. El libro de Victoria Dana aborda de manera profunda las diferentes etapas que atraviesan los seres queridos para lidiar cotidianamente con la enfermedad y con la pérdida irreversible de la persona, una especie de muerte en vida o de despedida latente. Así lo expresa Patricia, la hija de Blanca hacia el final de la novela: “Llegó el momento en el que ya no pudimos engañarnos más. Todos empezamos a experimentar una extraña sensación de muerte: en las cosas, en el tiempo, en las tardes interminables, en las noches sombrías. Parecía una señal; dentro de nosotros mismos, sentíamos que mamá había fallecido, presentíamos su muerte como una verdad irremediable. Nada quedaba por hacer. No podíamos siquiera experimentar la tranquilidad de despedirnos de ella.” Cuando leí ese párrafo, tuve una gran empatía con el personaje, mi abuela paterna enfermó de Alzheimer y, desde que murió cuando la evoco a veces no recuerdo cuándo murió ella, la abuela de mi infancia y de mi adolescencia, con la que discutí tantas veces. Luego apareció otra mujer, con muchas ocurrencias, decía groserías, se carcajeaba en la comida, si bien horas más tardeno sabía quién había estado sentado a la mesa. Pero también la recuerdo una niña pequeña al final de la enfermedad, que usaba pañales y apenas nos sonreía, en ese estadio que si bien el libro de Dana me permite recordar hoy con cierto humor poético, fue el más difícil para nosotros, sus familiares.

lunes, abril 16, 2012

El dinero en la basura


Dinero en la basuraHay mucho dinero en la basura, y no me refiero a los billetes que algún despistado pudo haber perdido, sino al hecho de que los materiales que se arrojan a la basura como el aluminio, el vidrio, el papel, el cartón, el PET, son valiosos y existe un mercado que se ha desarrollado desde hace varios años, no sólo en el consumo interno sino también en cuanto a la exportación de materiales, un ejemplo de ello es el PET, la resina con la que se fabrican las botellas de agua o de refresco, que anteriormente era apenas valorizado y recolectado y hoy en día se exporta a China.

El cierre del Bordo Poniente puso en evidencia una crisis a nivel nacional en cuanto al manejo y disposición de residuos, no sólo en relación a dónde depositar la basura del Distrito Federal sino porque hay un problema lógico y yo diría moral en seguir enterrando la basura reciclable en rellenos sanitarios cuando se podría reabsorber en las cadenas de producción. En el Distrito Federal, de las aproximadamente 12 mil toneladas de residuos sólidos que se generan todos los días, sólo 12 por ciento son reciclados . No obstante, materiales como el vidrio que son altamente reciclables, se quedan en gran parte enterrados por la dificultad que tienen los pepenadores para recolectarlo y sobre todo, el bajo precio que se paga por él. No obstante, el aluminio por el cual se pagan alrededor de 30,000 pesos por tonelada se acopia desde los camiones de basura.

Las preguntas son varias: ¿por qué si hay un mercado creciente de la basura acopiada y limpia, no se han llevado a cabo esfuerzos para regularlo? ¿Por qué unos cuantos se han enriquecido por la venta de materiales secundarios haciendo que las personas que se dedican a la pepena permanezcan en la miseria? ¿porqué ante los problemas medioambientales que se generan por el mal manejo de los residuos, no ha existido hasta ahora la voluntad política para impulsar un sistema de reciclaje y de valorización de residuos?

A mi parecer existen tres factores que hasta ahora han impedido en México un sistema circular autosuficiente de reutilización de materiales secundarios: a) no se cumple el principio de responsabilidad compartida que debería extenderse a las empresas manufactureras de productos que con el tiempo se convierten en residuos b) el mercado del materiales reciclables en nuestro país responde a un modelo informal c) carecemos de una cultura del reciclaje y de valorización de los residuos.

a)El principio de responsabilidad compartida está establecido en el artículo 14 de la Ley General para la Prevención y Gestión de los Residuos, cuya definición es la siguiente:

Principio mediante el cual se reconoce que los residuos sólidos urbanos y de manejo especial son generados a partir de la realización de actividades que satisfacen necesidades de la sociedad, mediante cadenas de valor tipo producción, proceso, envasado, distribución, consumo de productos, y que, en consecuencia, su manejo integral es una corresponsabilidad social y requiere la participación conjunta, coordinada y diferenciada de productores, distribuidores, consumidores, usuarios de subproductos, y de los tres órdenes de gobierno según corresponda, bajo un esquema de factibilidad de mercado y eficiencia ambiental, tecnológica, económica y social.

El principio de responsabilidad compartida al parecer es letra muerta, pues no existe hasta ahora ninguna responsabilidad de los productores y distribuidores en el manejo y valorización de los residuos, salvo la obligación de establecer planes de manejo para los grandes generadores que, en la mayoría de los casos, no se cumplen porque no existe una instancia que los evalúe.

Alemania, por ejemplo, tiene desde hace más de veinte años una ley de empaques que obliga a la industria a retirar los envases y embalajes que generan. Esto dio origen al sistema dual: la industria paga una cuota para que una compañía privada se haga cargo de recolectar y reciclar las envolturas y los envases. Esto también se conoce como Punto Verde, que es una marca registrada que las empresas manufactureras imprimen en sus etiquetas para manifestar que forman parte del sistema dual. Tan sólo en Alemania, más de 90 millones de toneladas de envases han sido recuperadas desde 1990, equivalentes a un ahorro de 24 millones de toneladas de Co2.

En México, sólo se recicla el tres por ciento del vidrio y el diez por ciento del tetrapack mientras que se podría reciclar potencialmente hasta el 60 por ciento de ellos. Es imperante establecer una política para fomentar el reciclaje, y poner en la mesa de debate la necesidad revalorizar la mayor cantidad posible de materiales y promover la fabricación de productos reutilizables.

La solución de la crisis de la basura que puso en evidencia el cierre del Bordo Poniente, no pasa por encontrar dónde depositar la basura sino reducir progresivamente la basura que se entierra mediante la recuperación de materiales y el crecimiento de la industria del reciclaje. México necesita una legislación que promueva un mejor manejo de los residuos y una política de Estado que enfrente esta crisis que con los años se agudizará, pues la cantidad de deshechos que generamos en las zonas urbanas irá en aumento.

b) El mercado de materiales en México responde a modelos informales, sin regulación, donde los precios varían drásticamente según la demanda. Para lograr un modelo sustentable en términos económicos, es necesario ordenar el mercado de los materiales secundarios, estabilizar los precios y con ello lograr una mayor transparencia.

Pero además, México enfrenta otro importante reto en cuanto al manejo de residuos: las adversas condiciones laborales en las que viven los pepenadores y sus familias, quienes carecen de la más mínima prestación laboral y enfrentan un ambiente de trabajo en el que la falta de salubridad e higiene son una constante. En México, más de 150 mil personas viven de la pepena. Una de las razones de la precariedad, reside en que el material que recolectan lo venden a precios mucho más bajos que los que se revenden en el mercado.

Pareciera que esas mafias que manejan a los pepenadores son invencibles, sin embargo, el pasado octubre me encontré con dos miembros de la Asociación Latinoaméricana de Recicladores, y me transmitieron los esfuerzos que habían hecho los recolectores al asociarse, en escenarios no muy distintos a los nuestros. Tanto en Brasil como en Colombia, se han creado cooperativas de recolectores que se han aliado con ONG´s, empresas y gobierno con el fin de obtener financiamiento para capacitación, implementación de plantas industriales y otros aspectos logísticos. Por ejemplo, la Asociación de Recicladores de Bogotá (ARB), fundada en 1990, ha logrado que sus miembros tengan seguro social, cobertura médica, pensiones y un acceso al sistema de salud.

Es necesario que una nueva política permita a los pepenadores ingresar al sector formal, que se mejoren las condiciones sanitarias en las que laboran, y que cuenten con seguridad social, entrenamiento y educación sobre prácticas de reciclaje.

Integrar a los pepenadores a un proyecto de mercados inclusivos debe ser una tarea de las empresas privadas, las autoridades en los tres niveles de administración pública y la sociedad en general. Es vergonzoso que en un negocio millonario, como es el del acopio y reciclaje de residuos, laboren personas en condiciones de marginación, insalubridad y pobreza.

c) En México no existe una cultura del reciclaje, apenas la gente comienza a separar la basura en orgánica e inorgánica, aunque algunos siguen tirando la basura en la calle, sin darse cuenta de que lo que están tirando es dinero. En ese sentido, creo que el mercado de trueque que organizó la Secretaría del Medioambiente del Gobierno del Distrito Federal, el pasado 4 de marzo, donde los capitalinos pudieron intercambiar sus residuos reciclables: aluminio, vidrio, papel y cartón, PET y tetrapack por puntos verdes que a su vez se intercambiaron por hortalizas, es una iniciativa loable para fomentar la cultura del reciclaje. El mercado de trueque, que supuestamente tendrá lugar cada primer domingo de mes, es una manera de mostrar a los ciudadanos que la basura, cuando se separa adecuadamente, tiene valor.

En Buenos Aires se promulgó en 2006 la ley basura cero, promulgada en 2006, tiene como objetivos reducir la cantidad de toneladas que son enviadas al relleno sanitario y, obliga a la separación en el origen no sólo entre orgánicos e inorgánicos sino también entre papel y cartón, vidrio, aluminio y plásticos; la recolección diferenciada en distintos días de la semana y el procesamiento de la basura en Centros Verdes. La responsabilidad compartida debe estar en la ley y las normas de manera más específica, dando lugar tanto a la responsabilidad de la industria, de los ciudadanos y sobre todo, que exprese los derechos de las personas que se dedican a la pepena.

Hay mucho dinero en la basura, la posibilidad de repartirlo de manera justa, de que el Estado reciba impuestos por los ingresos que genera y la necesidad de revalorizar ciertos materiales para que tengan un mayor acopio, se basa en una responsabilidad compartida entre legisladores, gobernantes, la industria y los ciudadanos. Ya es tiempo de hacerla efectiva.






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sábado, febrero 25, 2012

El orgullo de la lengua

A Marc Crépon


José Buenaventura González vive en Teotitlán del Valle, Oaxaca. Tejedor que aún mantiene la tradición de extraer el rojo de la cochinilla y mezclarlo con limón para sacar el anaranjado y confeccionar sus tapetes que guardan la impronta de la geometría zapoteca y las grecas de Mitla. Sus tapetes guardan la memoria ancestral de recetas de colores vegetales con las cuales teñir el estambre y hacer creaciones en el telar, mezclando artes indígenas con el instrumento heredado de los españoles, que suplantó al telar de cintura e integró a los hombres en el quehacer del tejido.
José Buenaventura, recibe a los paseantes en su casa-taller, con esa hospitalidad natural de los pueblos, ha recibido visitantes de todas partes del mundo, ha sido publicado en guías de turismo de Japón, ha viajado a Estados Unidos y a Canadá para mostrar sus creaciones. José Buenaventura habla con su mujer en zapoteco y con sus hijos en español. ¿La razón por la cual ha decidido no enseñarles a sus hijos el zapoteco? Una de esas historias que reflejan las políticas de la lengua de cualquier nacionalismo que busca la homogeneidad, haciendo de la escuela y de la pedagogía, su arma más importante. Cuando el señor González y su mujer fueron a la escuela, probablemente en los años cincuenta, golpeaban a quienes hablaban zapoteco o alguna lengua indígena hasta sangrar. Por esa razón los González decidieron educar a sus hijos en español, “para que no sufrieran como nosotros” y, en el fondo, para que no fueran discriminados por no hablar el español como primera lengua.
Hace unos años, un estudiante de la universidad de California que escribía su tesis, llegó a Teotitlán del Valle para aprender zapoteco. José Buenaventura lo recibió en su taller todas las tardes y, por primera vez se sintió orgulloso de su lengua, alguien más venía a devolverle sentido y valor al zapoteco. Pero a su vez, la alegría tenía dejos de amargura, el joven californiano obtenía un doctorado por aprender zapoteco mientras que él no tenía estudios, había aprendido la técnica del telar en casa, por hablar lo que al californiano le parecía una lengua “excéntrica” no había recibido condecoraciones o reconocimientos, sino golpes.
Esta historia no es exclusiva de México, tiene ecos en los mismos años para los catalanes o los vascos durante el franquismo. En Francia, todos los dialectos e idiomas fueron desplazados en un proyecto pedagógico para cumplir el ideal republicano, en donde el “patois” o cualquier lengua que no fuera francés, fue erradicada de la escuela y por ende, de las generaciones venideras. En la India reconocen el “hindi” pero desplazaron al “urdu” que se convirtió en la lengua oficial de Pakistán, mientras que en Pakistán ocurrió lo contrario. En América Latina la situación ha sido muy parecida a la historia del Señor González. Se denomina “Hispanoamérica”, aunque en Colombia se hablan unas 70 lenguas, en Perú unas 60, en México alrededor de 50, en Bolivia 30, en Guatemala 20, en Chile 10, aproximadamente. Entre las lenguas más habladas destacan el maya, el náhuatl, el quiché, el quechua, el aimara, el guaraní y el mapuche (o araucano). Todas estas lenguas fueron desplazadas a un segundo lugar para darle al español el título de lengua oficial y lengua materna, en un monolingüismo que nunca dejó de ser múltiple. Sólo en Paraguay, el guaraní es lengua oficial a la par del castellano.
Hoy en día, el zapoteco ya no es prohibido en las escuelas, por el contrario, existen esfuerzos, como un concurso de cuento y poesía en lengua zapoteca y algunas becas para los jóvenes que desean aprender la lengua de sus padres, como fue el caso de uno de los hijos de José Buenaventura, que vino a estudiar a la capital y logró obtener una beca por hablar zapoteco, que tuvo que aprender con sus padres durante algunos meses, como lo había hecho el californiano para obtener su doctorado.
La cuestión de la lengua parece inocua cuando hoy se lee en los diarios que indígenas rarámuris han cometido suicidios por hambruna, por no tener qué darle de comer a sus hijos, por pasar cinco días en ayuno con fríos de menos 6 grados. No obstante, para mí estas dos realidades tienen algo en común: la denegación de las lenguas indígenas es la prueba de la poca dignidad que se ha acordado a las comunidades, empezando por el respeto de su identidad y de su lengua, y que hoy se traduce en una falta de respuesta de las autoridades y del gobierno, se revela en una situación en donde las comunidades indígenas de Chihuahua carecen de lo mínimo indispensable para sobrevivir.
Ha habido intentos, siempre parciales y algunas veces contraproducentes para integrar a las comunidades indígenas en nuestro proyecto criollo de nación. El indigenismo, como una manera de utilizar el pasado para fundamentar una ideología, de ahí que aún veamos en México dejos de discursos indigenistas que ensalzan a “nuestros antepasados indígenas que siempre defendieron la tierra frente al hambre de oro de los españoles”. El marxismo parecía dar un lugar a los indígenas dentro de esa gran superestructura de ideales que se vieron colapsados a finales de los 80. No obstante, había en el marxismo también una tendencia a la homogeneidad bajo el concepto de lucha de clases. Este tipo de discursos que parecían ser un paso para el reconocimiento, fueron más un pretexto que un esfuerzo de escucha y de traducción.
Me parece que historias como la de José Buenaventura, podrían ser el centro de un nuevo esfuerzo por leer entre líneas y a partir de las múltiples negaciones y denegaciones reconstruir fragmentos de nuestra historia nacional y, pensar en cómo esas políticas y pedagogías de la lengua son claros documentos de nuestro proyecto nacional y cómo ellos justifican de alguna manera la realidad de los indígenas hoy en día. Quizás, si el gobierno de Chihuahua tuviera los documentos oficiales bilingües y tomara en cuenta el rarámuri, el gobernador no se atrevería a negar los suicidios por hambre diciendo que él conoce la idiosincrasia de la “raza” tarahumara.
No es el discurso del orgullo nacional lo que puede devolverle la fidelidad y el valor del zapoteco a José Buenaventura González, sino un extranjero que de alguna manera vino a reconciliarlo con lo que las políticas de este país han desdeñado desde siempre.

domingo, enero 08, 2012

La regeneración nacional en una república amorosa

Para quienes creemos que Marcelo Ebrard era la mejor opción para candidato de la izquierda, por representar una visión moderna, apoyar las libertades individuales y fomentar una experiencia más participativa de la ciudad, fue una decepción escuchar el resultado de las preguntas de la encuesta del PRD. Esperábamos del Jefe de Gobierno del Distrito Federal un proyecto de alternancia moderno con vistas a una mayor justicia social, muy distinto a la plataforma de Morena, lo que además hubiese podido atraer el voto de los independientes, frente a un candidato tan fuerte como Enrique Peña Nieto y la amenaza del regreso inminente del priismo más rancio.
Marcelo Ebrard aceptó el resultado y fue congruente con el compromiso de no llevar a una izquierda dividida a las elecciones de 2012. Si bien estaba en desventaja frente a Andrés Manuel López Obrador, quien ha trabajado en su campaña durante más de seis años, considero que a largo plazo una buena campaña política le hubiese dado a Ebrard más posibilidades que las que tiene actualmente AMLO. Éste último es experto en polarizar pasiones y ya ha generado suficiente desconfianza en parte del electorado mexicano que lo ve como un político testarudo, con poca apertura para debatir propuestas, contrario a la inversión extranjera y enemigo de la iniciativa privada. A la gente en la ciudad no se le olvida la toma de Reforma durante tres meses y el caso Juanito, si bien el retorno del PRI parece indicarnos la corta memoria de los mexicanos, que en tan sólo doce años parecen olvidar las constantes devaluaciones del peso, la inflación, el autoritarismo, la corrupción y la falta de libertad de expresión en la prensa.
Sin embargo, López Obrador no quiere parecer el mismo que en el 2006, al finalizar su discurso como candidato de la izquierda declaró: “Vamos, todos juntos, sin odios ni rencores, a construir una república amorosa, con dimensión social y con grandeza espiritual”. Estas palabras sorprenden frente al recuerdo que tenemos de la campaña en 2006 donde AMLO tenía un discurso dicotómico entre ricos-malos contra pobres-buenos, cuando criticaba, y no sin razón, a la oligarquía mexicana o se refería a la rapacidad de la mafia del poder y al presidente espurio. Este discurso con tintes religiosos y redentoristas, parece distanciarse de la actitud contestataria. AMLO, proclama en su mensaje semanal del 14 de noviembre: “Ayudar al prójimo y caminar juntos, no vivir en el pecado social”. Y yo me pregunto, ¿qué significa vivir en el pecado social?, ¿a qué se debe este discurso evangélico? El hecho de que AMLO afirme (en entrevista con Carmen Aristegui), que esto significa tener amor por la familia, el prójimo y la patria sin que esto represente un discurso religioso, no lo hace menos preocupante para quienes queremos una democracia moderna, donde el poder político no emita juicios sobre la vida familiar, ni se encuadre en un amor patriótico que rechaza todo lo que provenga del extranjero. ¿O será el amor a la familia la oposición a los logros más liberales de Ebrard, como despenalizar el aborto y legalizar los matrimonios entre parejas del mismo sexo, a lo que AMLO se ha enfrentado?
AMLO se posiciona ahora como el redentor de una sociedad degenerada, que ha perdido sus valores morales y espirituales. Morena, el movimiento de regeneración nacional, tiene tintes religiosos y metáforas nacionalistas. Uno quisiera creer que las siglas son un irónico eco de la valiosa crítica al discreto encanto criollo de la oligarquía mexicana, pero al parecer, por las publicaciones del movimiento y los mensajes de Obrador, se trata de un ensalzamiento mítico de los pueblos indígenas y las comunidades agrarias en relación con la naturaleza (amén de los ecos a la Virgen de Guadalupe). Al leer algunas frases del proyecto de Morena, parecería que la regeneración nacional sólo puede surgir de la salvaguarda de una identidad racial. Morena responde a una ideología más que a un programa, cito el documento de Proyecto Alternativo: “Nuestra guía es la historia de las gestas populares” y más adelante al hablar de una modernidad alternativa contraria al capitalismo “materialista y tecnocrático” dice: “Esto supone reconocer la necesidad de descolonizar el pensamiento. Asumimos como referentes las visiones basadas en el ‘buen vivir’ y las valiosas innovaciones culturales, morales, políticas e ideológicas nutridas en la vida de nuestros pueblos originarios y afroamericanos.”Estas frases recuerdan las tendencias míticas y redentoristas de los movimientos totalitarios, la idea de regresar a los orígenes para encontrar la salvación, a través de señalizar a un enemigo interno y externo, al que hay que destruir para lograr la unidad. La sola idea de “descolonizar” al pensamiento, implica que habrá una directiva del “buen vivir” y del “buen pensar”.

Me parece preocupante este discurso de AMLO, y si bien coincido en las preocupaciones sociales que lo animan mucho más que en el conservadurismo de Peña Nieto y en el afán de poder de Elba Esther Gordillo, no puedo dejar de analizar las implicaciones que tiene el proyecto de Morena , que se propone hacer una revolución de las conciencias. Es decir, como ya se había notado en 2006, para AMLO no es cuestión de iniciar un debate sobre políticas públicas o modelos económicos, sino de salvar almas descarriadas y mentes aturdidas por los medios de comunicación. Si bien algunos de los puntos del documento responden a una política social en cuanto a la salud y a la educación, otros revelan una postura nacionalista, una vena antiliberal que propone luchar contra el poder que entrega los bienes nacionales a extranjeros o que las importaciones son resultado de la deshonestidad de los funcionarios públicos que no permiten que vivamos en una sociedad autosuficiente . Por ejemplo, en el apartado del Proyecto alternativo sobre la soberanía del campo y la autosuficiencia alimenticia se lee: “O revitalizamos al campo o seguiremos destruyendo la naturaleza, importando comida, perdiendo nuestra identidad, expulsando mexicanos a Estados Unidos y sometidos al narco que aprovecha la pobreza rural para controlar regiones enteras.”


Dentro del proyecto de nación de Morena, se subraya insistentemente la recuperación del medio ambiente, algo que es de suma importancia. Sin embargo, el modo en que lo hace mantiene una dicotomía entre la bondad de la naturaleza de los pueblos autóctonos bucólicos contra la degeneración de la modernidad industrial. No es casualidad que se aluda al “urbanismo depredador” y a la “degeneración de la naturaleza”. En cierto modo, podemos concluir que la degeneración es de una naturaleza nacional bondadosa, que puede aún renacer y abocarse a la felicidad.

En este sentido, la “república amorosa”, es un gancho para convencernos de que el problema de la inseguridad va a esfumarse cuando llegue el reino, el renacer y la providencia de una economía de la bondad contra la violencia y del espíritu contra el interés material. Es un hecho que el país está en crisis, que es necesario dar respuesta al desempleo y a la inseguridad y eso sólo puede hacerse fortaleciendo las instituciones y fomentando el respeto a la ley; no me parece que la bondad o el perdón sean la respuesta al mercado de los ilícitos. En entrevista con Carmen Aristegui afirmó, refiriéndose a los jóvenes que se enrolan en el narcotráfico por falta de empleo: “eso vamos a atenderlo nosotros, a 7 millones de jóvenes en los primeros meses. En seis semanas le doy empleo a cuatro millones”. ¿Cómo? O es necesario creerle ciegamente, porque AMLO apuesta por la fe y el movimiento de Morena se describe como el cambio verdadero (en oposición a los “poderes mentirosos”).
Para lograr su propósito redentor, López Obrador propone un Estado omnipresente y autoritario. En el proyecto de Morena se lee: “Los gobiernos neoliberales de los últimos 28 años adelgazaron al Estado…”. Sin duda, se requiere de un Estado fuerte pero para asegurar los derechos, garantizar la competencia, construir un país de ciudadanos y no de privilegios, y contar con la infraestructura necesaria para la competitividad y el intercambio. Estoy convencida de que falta una opción tanto económica como política alternativa, como lo han expresado los movimientos de los indignados en el mundo, de lo que no estoy segura es que la regeneración nacional en una república amorosa lo sea.

martes, agosto 16, 2011

La trata de personas


En este momento en el que escribo o en el que usted lee, más de 2.4 millones de personas están siendo explotadas, según la ONU. La trata de personas es la versión de la esclavitud en el siglo XXI, y sus operativos conllevan la captura, el traslado y la reclusión de personas con el fin de obtener beneficios económicos. Después del tráfico de armas y drogas, la trata de personas se ha identificado como el tercer negocio ilícito más redituable en algunas regiones del mundo, con un beneficio de 31.7 millones de dólares. Por supuesto, todas las cifras son inciertas en estos temas, y más que cuestión de números, lo importante es sensibilizarse a lo que padecen las víctimas y ejercer presión como sociedad para prevenir y sancionar estas prácticas.

La compra-venta o mercantilización de los seres humanos, de sus órganos, de su sexualidad, o de su capacidad de explotación laboral, parece arraigarse de una manera más profunda en patrones culturales que aceptan la constante violencia que se ejerce en las personas más vulnerables de nuestra sociedad: mujeres, niños y migrantes. Según reportó en 2007 el Departamento de Estado americano, de las 800,000 víctimas de la trata de personas, el 70 por ciento son mujeres, muchas de ellas forzadas a la prostitución. Es tiempo de reflexionar en los valores políticos y económicos de nuestra sociedad que acceden a que en nuestras democracias contemporáneas resurja la esclavitud en una mayoría de mujeres y niños explotados sexualmente. ¿A qué se debe esa economía del abuso y del maltrato de los más desprotegidos? ¿Qué podemos hacer como sociedad para impedirlo?

Es la necesidad la principal causante de la trata. La mayoría engañados y engañadas con la promesa de un trabajo y de mejores condiciones de vida. Todo comienza con el engaño y el traslado, incluso en la misma ciudad, seguida de una reclusión. El colmo de todo esto es que muchas de las víctimas pagan incluso el viaje y la estancia. El fenómeno de la trata es mundial, muchas mujeres de Europa del Este o de los países asiáticos obligadas a trabajar en la prostitución, tienen sus documentos confiscados, no tienen contactos en el país y su condición de vulnerabilidad es aún mayor. La mayoría de las mujeres sometidas a la trata están amenazadas y en la incapacidad psicológica de huir y declarar el crimen. El hecho de estar encerradas, confinadas y sin comunicación, habiendo perdido toda noción de pasado o futuro, de identidad o de control sobre su vida les dificulta que busquen ayuda o denuncien su situación.

El pasado martes 12 de julio, el presidente Felipe Calderón promulgó la Reforma Constitucional contra la trata de personas que modifica los artículos 19, 20 y 73 de la Constitución, con lo cual se declarará prisión preventiva sin derecho a fianza a los delincuentes que cometan este delito y se protegerá la identidad de las víctimas. Esta era una asignatura pendiente, no sólo en la lucha contra el crimen organizado, sino en la garantía de los derechos humanos.

Sin embargo, esos derechos humanos, como lo han señalado varias feministas, están sustentados en lo masculino y, me parece, que es momento de reflexionar en el hecho de que la trata de personas tenga como una de sus principales operaciones la prostitución femenina e infantil. Según datos del gobierno de 2009, en México 20,000 niños son explotados sexualmente en la pornografía y el turismo sexual. (Alrededor de 130 mil niños han sido robados en México en los últimos 5 años. El precio de un niño en el mercado negro oscila entre los 5 y los 10 mil pesos.) Habría entonces que pensar esta forma de esclavitud en relación al abuso del cuerpo femenino e infantil, a esa economía del proxeneta que hace del cuerpo del otro una mercancía, librándolo a toda clase de violencias: verbal, psicológica y económica. La ley contra la trata de personas prevé la sanción los individuos en cada eslabón de la cadena de la trata, pues ella se organiza en una red donde participan los enganchadores, seductores especializados en leer los deseos de las jóvenes e ilusionarlas con una historia de amor que termina en el infierno del burdel o de las calles. El problema, es que el cliente no forma parte de este eslabón de criminalidad, pues la prostitución no es considerada un delito en México (como lo es en otros países como Suecia).

La ley estipula también dar protección y asistencia a las víctimas. Estas últimas son quizás las cuestiones que serán más difíciles de abordar y de hacer cumplir, ya que la prevención implica romper no sólo con la cadena de ofertantes, sino con la de consumidores. La pregunta quizás sea, ¿por qué esos consumidores dejan de ver en ese objeto de placer y de violación, a un ser humano? Es necesario entender que la trata de personas es parte de una economía informal, de una relación oferta-demanda y que la prostitución es antes que nada una forma de violencia contra las mujeres, que ella es una institución controlada por hombres (aunque también hay mujeres que participan en la explotación de otras mujeres), es una institución que e mantiene mediante la violencia.

La causa principal de la prostitución y de la trata con fines de explotación sexual es la demanda masculina de mujeres y niñas, si no hubiera demanda, este mercado (que supuestamente es el oficio más antiguo de la humanidad) terminaría por eclipsarse. La industria del sexo perpetúa el mito de una sexualidad masculina que se satisface a través de cuerpos comprados, lo que justifica que las mujeres puedan ser violadas y explotadas sexualmente. A diferencia de la pedofilia, que es moralmente más condenada en nuestra sociedad, si bien México es uno de los principales países productores y consumidores de pornografía infantil, el machismo mexicano legitima la humillación y la explotación sexual de las mujeres.

Es muy raro que alguien pueda salir de las redes de prostitución, la vida laboral de estas mujeres es corta, por las enfermedades y el maltrato. Por lo general, el trabajo de prostitución implica un alto consumo de drogas y de alcohol, es por ello que muchas de ellas no vuelven a casa, en parte por la adicción, en parte por la vergüenza y por una pérdida de control de sus propias vidas. ¿Cuánto cobras? es la primera pregunta que involucra un contrato de servicio de prostitución. Lo que la marca desde un inicio el consumo: la lógica del placer a cualquier precio.

Es esa lógica la que se debe atacar, la de la humillación y la utilización de los cuerpos más vulnerables en pos del placer a cualquier precio.



domingo, junio 19, 2011

¿Se hizo justicia?

“Se hizo justicia”, fue la frase que concluyó el mensaje televisivo del Presidente Obama a la nación americana el pasado 2 de mayo, cuando anunció que Osama Bin Laden, el responsable de los ataques del 11 de septiembre, había sido abatido por un comando de la CIA. La frase del Obama es muy problemática, pues conlleva una idea de justicia como venganza. Es muy probable que el asesinato de Osama no sea consecuencia de una estrategia de seguridad (aún si días después se encontraron los diarios de Osama, donde él expresó el plan de cometer otro ataque contra Estados Unidos) sino de una estrategia política y electoral, el mensaje dirigido al pueblo americano se centró en la victoria de la guerra contra el terrorismo, que el presidente Bush declaró después de los ataques del 11 de septiembre. Al ver por el festejo que tuvo la noticia en Estados Unidos, es entendible que Obama se haya beneficiado de la coyuntura, sobre todo en el momento en que la derecha conservadora ponía en duda su nacionalidad. Quizás la pregunta de fondo es por qué hablar de justicia en relación a Al Quaeda, al terrorismo y al fundamentalismo islámico, dejando de lado lo que quizás tendería más a la justicia que son las revoluciones en el mundo árabe, las movilizaciones de la sociedad civil en Túnez, Egipto, Libia, Yemen y otros países para derrocar a los dictadores, demandar un modelo político más democrático o hablar de justicia en términos de la creación de un estado palestino como respuesta a una ocupación ilegal.

En mi opinión, el asesinato de Osama responde antes que nada a un intento de erradicar el trauma de los ataques del 11 de septiembre, un ataque al corazón de la nación americana, el Pentágono como representación del poder político y las torres gemelas de Nueva York del poder económico. Desde el bombardeo de la Armada Imperial Japonesa a Pearl Harbor en 1941, una isla en Hawai, no se había producido un ataque al territorio americano. Los ataques del 11 de septiembre mostraron en ese sentido, la vulnerabilidad de la nación americana ante un enemigo difícilmente combatible, como es el caso del terrorismo, pues no pertenece a una nación enmarcada en un territorio a la cual declararle la guerra. En cierto sentido, Bush le declaró la guerra a un fantasma, informe y espectral, no porque Osama lo fuera, sino por la inflación que le asignaron al fenómeno del terrorismo, en cierta medida creado por Estados Unidos, no olvidemos que Osama fue entrenado por los americanos para pelear contra el ejército rojo. Esta inflación, como lo hicieron notar renombrados analistas y filósofos, comienza por la denominación por una fecha, haciendo que 11 de septiembre sea la metonimia de los ataques a la nación americana, como si además, los ataques fueran tan inconcebibles e incomprensibles que sólo queda nombrarlos con la fecha.

De alguna manera, el furor ante la presunta victoria contra el terrorismo es consecuencia del trauma, del miedo a su posible retorno. Un trauma es una memoria que no se puede integrar en la propia experiencia y que atemoriza con su regreso. Como si desaparecer a Osama del planeta significara asegurar que en un futuro no habrá otro 11 de septiembre, otro ataque de tal magnitud. El ataque a las torres gemelas fue terrible, y me parece un grave error que aquellos que critican con cierto odio a otro fantasma que ellos llaman “Imperio Americano”, pretendan dejar de lado a las víctimas. Los ataques del 11 de septiembre dejaron casi tres mil víctimas, entre ellas los tripulantes de los aviones que se estrellaron contra las torres, y entre los sobrevivientes, los habitantes de Nueva York que un día se encontraron envueltos en una nube de ceniza y pánico. Ningún argumento contra la política americana legitima los actos de los ataques en Nueva York. No obstante, el asesinato de Osama ha creado otras víctimas y otros deudos en Pakistan, con los dos ataques que sucedieron al anuncio de la muerte del líder de Al Quaeda. De estas víctimas se habla poco o casi nada, pues esta fue una de las “condiciones” que caracterizaron a la guerra contra el terrorismo, que habían muertes con más derecho a duelo que otras, o dicho de otro modo, que algunas vidas eran más valiosas. Esta lógica tomó su forma más perversa en Guantánamo, una isla cerca de Cuba y fuera del territorio americano, un campo de los prisioneros de la guerra contra el terrorismo, sin derecho a juicio ni a las mínimas condiciones de dignidad y que Obama prometió clausurar a dos días de asumir su cargo, promesa que no ha cumplido. Guantánamo pone en entredicho la democracia americana y lanza la pregunta sobre cómo el estado tiene un espacio fuera de la ley.

El trauma a su vez, es en relación a la soberanía del Estado americano que fue vulnerada con los ataques del 11 de septiembre. Al pronunciarse, el presidente estadounidense aseguró que Osama no volvería a caminar sobre la tierra, como si su sola presencia pusiera en peligro al mundo entero y como si con su muerte, éste se disipara.

La operación del asesinato de Osama y la desaparición del cuerpo, despertó críticas a nivel mundial y también ahí resuena la pregunta ¿se hizo justicia? Osama estaba desarmado al momento de su captura y quizás hubiese sido más acorde con la justicia, hacerle un juicio y condenarlo, como se hizo en Nuremberg con los criminales nazis. No obstante, el asesinato de Osama entró dentro de la lógica de guerra del presidente Bush, que utilizó términos tan abstractos para definirla como guerra contra la libertad, contra el occidente, eje del mal; tan abstractos como lo puede ser la idea de la justicia.

Lo interesante y a la vez, lo esperanzador, es que las últimas intervenciones de Obama y los eventos recientes en el Medio Oriente no están ni en esta lógica de guerra, ni en una idea de justicia como venganza, ni en una reacción incesante al trauma. Las revoluciones en el mundo árabe, que respondieron a décadas de censura, precariedad laboral, control militar y todo tipo de abusos, revueltas que nacieron de la sociedad civil, tampoco están en la línea de Al Quaeda, de una lucha contra el fantasma del occidente y la imposición del fundamentalismo islámico. La creación de un estado palestino, que de alguna manera, haga justicia en nombre de una historia de ocupación, colonialismo y confiscación de tierras. No obstante, el presidente Netanyahu, en su discurso ante el congreso americano, se aferró a esa lógica de guerra y de defensa del territorio, a una dicotomía del enemigo. Pero tanto la transición de los países en Medio Oriente hacia gobiernos más democráticos como la creación del estado palestino, no son eventos, sino procesos, que posiblemente no permitan una frase contundente como “se hizo justicia”, pero que tienden a ella, por una promesa de reescribir la historia de los oprimidos. La justicia es cierto, cuando no corresponde a la venganza, que es más bien una lucha de poder, resulta abstracta, es apenas una intuición que tiene que ver con nuestro reconocimiento de las injusticias. La justicia no es y no se hace con un asesinato o con un acto mediático, si bien también se asemeja a un trauma, a una memoria que no se puede integrar en la propia experiencia, pero que vuelve exigente una y otra vez.

jueves, mayo 19, 2011

Las otras familias



Recientemente estuvieron en cartelera dos películas sobre el tema de las familias plurales: “Los niños están bien”, filme americano de Lisa Cholodenko y la producción mexicana “La otra familia” de Gustavo Loza. La primera trata de una pareja de mujeres, Nic interpretada magistralmente por Anette Bening y Jules (Julianne Moore), que tienen dos hijos: Joni (en honor a la cantante Joni Mitchell) de 18 y un hijo, Laser de 16 años. La trama comienza cuando Joni decide buscar a Paul, el donador de esperma que comparte con su hermano junto con media carga genética. Nic, Jules, Laser y Joni viven en una hermosa casa en Los Ángeles, Nic es una doctora exitosa y Jules es más bien madre de familia aunque ha intentado de manera inconsistente ingresar al mundo laboral. Jules descubre un deseo sexual hacia Paul y ellos viven un amorío, lo que crea una crisis familiar cuando Nic se da cuenta de que Jules la engaña con un hombre y los niños ven su estabilidad familiar y emocional amenazada.
“La otra familia” trata de un niño encantador de siete años, Hendrix, hijo de una madre adicta, quien es conducido por una amiga de su madre a casa de una pareja para que lo cuide mientras a ella la internan a la fuerza en una clínica de rehabilitación. Jean Paul y Chema llevan diez años juntos y supuestamente deberán hacerse cargo de Hendrix. En el desarrollo de la trama, ellos se vinculan e involucran cada vez más con él y van descubriendo su propio deseo de paternidad (y de maternidad) hasta vislumbrar la posibilidad de adoptarlo. La película tiene un formato de telenovela, un guión plagado de clichés con personajes buenos y malos, pobres y ricos (por supuesto que la pareja gay que recibe a Hendrix son de los buenos y ricos).
Es curioso, vi las dos películas el mismo fin de semana con un día de intervalo, y tal pareciera que la primera historia ocurre medio siglo después de la primera. Si bien las dos se ubican temporalmente en la actualidad, el modo en que abordan la realidad de una familia con padres del mismo sexo, incluso la manera en la que presentan a las dos parejas homosexuales (o a las tres, pues "La otra familia" muestra también la historia de una pareja lesbiana que planea tener un hijo por inseminación artificial) nos habla también de la disparidad entre la sociedad mexicana y la californiana, nos remiten a la calidad de la reflexión que cada película exige de sus espectadores. La trama melodramática y el discurso de los personajes de “La otra familia” son como los abuelos de los niños que están bien: adolescentes sanos, inteligentes, en una familia armónica con sus defectos, sus virtudes y su crisis.
De hecho la problemática de "Los niños están bien" no esta centrada en el hecho de que dos mujeres puedan educar hijos, o de si ellos pueden integrarse a la sociedad (que es una falsa pregunta o el argumento de quienes no creen en las familias plurales porque se rehúsan a que la sociedad cambie y con una excusa hipócrita dicen que no se van a integrar, o que los otros niños -sus propios hijos- los van a molestar en la escuela y que ellos no se hacen responsables de haber educado bullers homófobos). En el título de la obra está la respuesta a quienes piensan que los niños pueden intrínsecamente sufrir la ausencia “estructural” de un padre o de una madre (que en ciertos casos ha sido la postura conservadora de ciertos psicoanalistas y de una noción inamovible del Edipo, con el pretexto de un orden simbólico que predetermina los orígenes heterosexuales de la cultura, que hasta ahora nunca han comprobado) y sobre todo, de los conservadores y moralistas que ven una amenaza a la cultura, porque saben que darle lugar a las otras familias es poner en cuestión valores morales y políticos – el Estado se basa en una idea de familia y a la vez legitima y reconoce las distintas formas de vida sexual. Sin embargo, en México las familias con padre y madre no son la regla, existen muchas de esas otras familias de madres solteras, de tíos que son padres, y desde hace mucho existe la opción para dos mujeres de quedarse embarazadas con algún amigo y tener un hijo.
La película de Cholodenko contradice a los primeros conservadores, los hijos de Nic y Jules viven con las inquietudes de cualquier adolescente, el hecho de tener dos mamás les genera conflicto, por ejemplo, cuando Joni le llama por primera vez a Paul, le explica que él fue el donador de esperma para que sus dos mamás pudieran embarazarse, en otra escena Paul va a un asado a casa de la familia y ellas le cuentan su historia de amor. Laser y Joni pueden hablar con sus madres y hasta con su padre biológico de casi cualquier tema. Hay una escena de la película que me parece genial, Laser, el hijo, indaga en el cajón del cuarto de sus mamás y encuentra una película pornográfica de un hombre masturbándose, cuando él les pregunta, con cierto desconcierto, por qué ven eso y no pornografía de mujeres, Nic que es más estricta lo regaña por husmear en sus cajones, pero Jules le explica que la pornografía de mujeres es más bien para hombres y que puesto que la excitación de una mujer es interna, les gusta ver una excitación externa. La película en ese sentido es maravillosa, porque va refutando nuestros prejuicios y los clichés de la homosexualidad, si bien la familia que forman dos lesbianas reacciona de manera muy parecida a como reaccionarían unos padres heterosexuales de California. Uno de los factores que más me impresionó de la película de Cholodenko, es que cuando Jules decide tener una aventura sexual con Paul, el donador de esperma de sus hijos, ella tiene una crisis con su identidad sexual, pues ella se define como "gay", incluso cuando su pareja, Nic, se entera de que la ha engañado con un hombre, su primera reacción es preguntarle si desde ahora va a ser heterosexual. Me parece que todas las personas podemos tener inclinaciones bisexuales y podemos probar cualquiera de las dos realidades aunque estemos más inclinados hacia uno u otro sexo, al final del día, las personas no se enamoran de géneros sino de personas, con historias singulares, con gestos únicos. (Creo que este es el tema de una obra que se estrenó recientemente en el teatro de los Insurgentes, Cock, con Chema Yazpik y Diego Luna). La crisis empieza con las etiquetas, “soy gay”, “soy heterosexual”, esto tiene que ver con las definiciones y sus normas que introyectamos, así como para alguien puede ser difícil aceptar su homosexualidad y definirse como “gay”, en la película esto se invierte por un momento. En el caso de Jules, como si la palabra “straight”(heterosexual) le cayera encima como un balde de agua fría. La película resuelve bien el conflicto pues Jules sabe que con Nic ha construido una familia, y si bien el matrimonio y la vida en pareja no son fáciles, ella prefiere quedarse, a diferencia de Paul, el donador de esperma, que es la contraparte de Jules, pues ha tenido éxito en el mundo laboral pero a través de los niños se da cuenta de su deseo de hacer una familia. Es ese mismo deseo lo que llevó a las dos madres a buscar un donador de esperma y no, como en “La otra familia” la pareja de lesbianas que busca que el hermano de una sea el donador, es decir, están más focalizadas en la cuestión genética y en la logística, que en formar una familia.
En “La otra familia” hay una pareja heterosexual que ha perdido un hijo, él es una especie de hombre de negocios gangster que engaña a su esposa. El padre le sugiere que la deje, pues ella ya no puede darle hijos (o sea, nos sugiere que una mujer sólo sirve para parir). Este hombre (de cuyo nombre no puedo acordarme, como del de la mayoría de los personajes de la película, porque son personajes poco profundos, sacados de cualquier telenovela, como los dos sirvientes que trabajan en la casa de la pareja que adopta a Hendrix) hace un trato con el dealer amante de la mamá del niño para comprarlo. Habiendo visto las dos películas, me gusta pensar que la familia de Nic, Jules, Laser y Joni contradicen a la pareja del empresario y su esposa infeliz, la discusión de la pareja gay que va a adoptar a Hendrix pero que está agobiada porque sus amigas lesbianas tengan un hijo por inseminación artificial, el cura que pide dinero para que el niño entre a una escuela religiosa privada, todas estas escenas se caen ante una familia moderna, en una sociedad más equitativa y menos prejuiciosa, donde los niños están bien, yo diría, están mejor.